Liga de Campeones | Oporto-Real Madrid

Bravo ejerció de ‘profe’ del canterano

El delantero se llevaría una desilusión si Del Bosque le dejase en la grada.

<b>EL SEÑOR DE LOS ANILLOS</b>. Portillo protagonizó una anécdota simpática en el control policial del aeropuerto de Barajas, cuando el detector de metales pitó por culpa de los anillos que llevaba el delantero. Era su primer viaje...
Carmen Colino
Editora Jefe de Eventos deportivos
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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Javier Portillo fue la estrella del viaje a Oporto. Primer viaje y, encima, a Europa. Lo mismo le pasó a Casillas en Noruega o a Pavón en Moscú. "Eso es buena señal", le dijeron algunos de sus compañeros. Por no tener, no tenía ni corbata (se la dejó Sousa). Nada más llegar a Barajas le rodearon los medios de comunicación. Salió al paso con maestría y se refugió en el resto de los jóvenes, pero sobre todo en Raúl Bravo.

En el avión eligió el último asiento. Junto a Bravo, por supuesto. Dejó que Pavón, Casillas y Miñambres se pusieran a jugar a las cartas y se dedicó a observar el avión. 119 pasajeros, pero en una hora le dio tiempo a echar un rápido vistazo a todos aquellos que tenía que conocer en las próximas 24 horas. No perdió la sonrisa, no durmió, al contrario de Hierro que descansó durante los 55 minutos que duró el vuelo. A la llegada a Oporto muy pocos aficionados esperaban en el aeropuerto, una veintena de chavales que asaltaron a Morientes y a Casillas y una decena de periodistas que preguntaron a Del Bosque por la ausencia de Zidane, Roberto Carlos, Raúl o Figo.

El autobús Gran Hermano esperaba en la terminal a que los madridistas recogieran sus maletas. El frío y la lluvia fueron protagonistas de la estancia blanca en tierras portuguesas. Descanso en el hotel y entrenamiento. Portillo compartió habitación con Bravo, su mejor cicerone. Por la tarde entrenó bien, con seguridad aunque los nervios iban por dentro.

El delantero sabe que hoy puede ser su noche. Su yo pesimista le dice que hoy se puede quedar fuera de la lista, pero su otro yo, como buen Aries que es, le dice que es el momento de aprovechar su oportunidad. Su ambición, sus ganas, su personalidad, su ‘estrella’... Todo ello forma parte de un chaval con muchas aspiraciones, que quiere consolidarse en Primera. Del Bosque puede adelantarle su regalo de cumpleaños, su mejor regalo, que no es otro que su debut en Primera.

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Bromas a causa del ‘Radiador’

Javier Portillo, como siempre ocurre con los más jóvenes en el día de su estreno, pagó la ‘novatada’. De las diferentes bromas que recibió nada más conocerse que viajaría a Oporto con el primer equipo la más sagaz fue la de los compañeros de ‘El Radiador’, de El Tirachinas de la Cope. Un imitador se hizo pasar por Hierro y charló por teléfono con el padre de Portillo para darle las normas de conducta que debía respetar desde ahora. También habló con el propio Portillo y le recordó que "no olvides el pasaporte y cuidado con la prensa. Son un poco mamones...". Él asintió a todo.

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