El Celta tiembla de indignación
Un arbitraje caprichoso de Pérez Burrull ha puesto al Celta en extremas dificultades ante el partido contra el Madrid. Fue un caso claro de mal manejo de la situación, por autoritarismo mal entendido. Las astucias de Dani fueron sacando de quicio al Celta. El jovencísimo delantero bético acumula malicias en un cuerpo frágil y supo aparecer como víctima permanente ante la poco avisada mirada de un mal árbitro. Su juego, un puntito perverso de entrar, salir, tocar, fingir, caer y dolerse, engañó desde muy pronto al árbitro. Y sacó de sus casillas al Celta.
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No hubiera ocurrido nada de no ser por el exagerado recurso de Pérez Burrull, que se defendió de su propia incapacidad para controlar la situación con el recurso exagerado a la tarjeta, que fue exhibiendo un poco al buen tun-tún. Con las que mostró fue suficiente no sólo para dejar al Celta con nueve, sino para masacrarle ante el sábado. Con las tarjetas de su acta y las que arrastraban, Cáceres, Doriva, Karpin y Mostovoi deberían ser suspendidos automáticamente por el Comité. Y encima está aún pendiente el expediente de Catanha, por escupitajo a Fernando Sanz.
Entre una cosa y otra nos encontramos ante la hipótesis de cinco suspensiones en el Celta ante la visita del Madrid. En Vigo hay indignación. Buen momento para reflexionar sobre lo que trae el autoritarismo exagerado de algunos árbitros y el celo absurdo del Comité en hurgar imágenes de televisión en busca de más materia sancionable. El fútbol es otra cosa. Es un juego más bien sano en el que no hay que meterse en busca de reos a los que amonestar. Si se arbitrara con más normalidad y no se rearbitrara nada en absoluto nos ahorraríamos situaciones como ésta.
