Nadie da duros a cuatro pesetas
Las medallas de Juanito Muehlegg eran nuestras, así que el baldón también lo es. Nos está bien merecido. Este tipo simpático nos cautivó a todos. También a mí. Eligió vivir entre nosotros, ganaba medallas de oro como churros, iba a ser nuestro abanderado en la ceremonia de clausura de los Juegos de Salt Lake City, se disponía a mejorar las condiciones de esquiador de fondo de nuestro presidente del Gobierno y ya tenía fecha para ser recibido por el Rey. Era una impostura divertida. Pero nos ha salido rana. El positivo es positivo hasta que se diga lo contrario.
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Y en realidad nos está bien merecido. Era todo demasiado fácil. Contratas y pagas a un fenómeno para que lleve tu bandera, gane tus medallas y difunda su deporte en tu país y el nombre de tu país en todo el mundo. A cambio pones dinero, miras para otro lado y dejas que haga su preparación por libre. No sabes si come carne o pescado. No controlas su botica. Pones el nombre y la bandera de tu país en sus manos y te sientas a aplaudir. Y el tipo, sano y agradecido, gana medallas y agita la bandera, y es simpático y agradecido en sus declaraciones. Pero...
Ahora sufrimos un berrinche, porque quienes tienen legitimidad para ello nos dicen que es un tramposo. La noticia, a la espera del comunicado oficial tras el contraanálisis, cayó sobre nuestra delegación como un cataclismo. Y a la hora de defenderle de la acusación (que lamentablemente seguro que es fundada) no se reaccionó como si de verdad se tratara de uno de los nuestros. Más bien ha habido despecho, frustración por habernos sentido engañados. Hay una enseñanza: las cosas no son tan fáciles. Creíamos estar comprando duros a cuatro pesetas y nos hemos llevado un chasco.
