El cerebro en la sombra
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A Miguel Ángel Gil se le podrá discutir algún error deportivo, pero lo cierto es que desde que llegó al Atlético siempre ha procurado hacer un club de primer orden mundial y la remodelación del Consejo de Administración rojiblanco es una operación bien diseñada y que, a medio plazo, tiene que dar sus frutos. Comparto la tesis del presidente de que sin él el Atlético estaría nadando en la miseria. Ahora desea que los despachos den la talla y para eso sueña con llevar al Atlético a cotizar en bolsa y, de esta manera, tener los ingresos necesarios para codearse con el Real Madrid y el Barcelona para hacer grandes fichajes.
El cambio de imagen del Consejo de Administración es para conseguir que se abran puertas que en los últimos años han estado cerradas por los problemas judiciales de la familia Gil. Luego vendrá la operación de venta de acciones para los atléticos de toda la vida y hasta ha conseguido que su padre esté mentalizado para ir perdiendo la parcela de poder que ha ostentado desde hace quince años. El nuevo consejero delegado y director general (los tontos no dan una) está obsesionado con traer títulos para sus aficionados. Poco a poco sus veleidades deportivas las ha olvidado y yo otorgo mi voto de confianza a este paso adelante para hacer una entidad grande. Gil Marín incluso tiene guardado un as en la manga para construir un nuevo Calderón y una Ciudad Deportiva.
