Yo digo Manuel Esteban

El corazón rojiblanco

Manolete
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Somos diferentes. Nos movemos al compás de nuestro corazón. Cuando llegan las catástrofes cerramos filas en torno a nuestro equipo y nadie nos supera. En cambio, en las etapas de bonanza, nos relajamos. No estamos acostumbrados a las victorias y a las alturas. Nos da vértigo el primer puesto y ésta es la explicación de que no acudamos en tropel al Calderón. Las estadísticas no mienten. Hubo mejores entradas el año del descenso que del doblete. Acudió más gente el año pasado, el de la remontada, que esta campaña, que somos los líderes indiscutibles desde el banderazo de salida.

Esta es la grandeza de ser atlético. Saboreamos los triunfos como auténticas gestas y en las miserias nadie es capaz de apartarnos del camino de la verdad. ¡Qué aprendan los blancos!. La fidelidad a unos colores no se basa en la vitrina de trofeos. Sale de lo más profundo, de una manera de entender la vida y lo demás es adulteración televisiva. Sabemos que somos un fenómeno a estudiar, y lo que es peor, seguimos aumentando en clara progresión geométrica. Atlético se nace, no se hace. El Calderón es nuestro punto de referencia. Nuestro santuario al que acudimos en los momentos de mayor debilidad. Luego disfrutamos en los desplazamientos y en los saraos que organizamos cuando alzamos una Copa. Nos divertimos a nuestra manera, pero no cambiaremos de creencias en función de los títulos.

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