Yo digo Alfredo Relaño

Los extremos reclaman su territorio

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Me parece que ya es un hecho: vuelven los extremos. La gente lo sabe y lo aplaude. En Balaídos el público se enfadó cuando fue sustituido Jesuli. En el Madrid se echa de menos al mejor Figo. En Sevilla y en toda España se mira con deleite la aparición de Joaquín, que el miércoles debutó con la Selección. El Valencia aplaude a rabiar, en la otra banda, a Vicentín. El Barcelona espera el renacer de Overmars. Los extremos vuelven, después de unos años oscuros en los que se les vejó, apartándoles en beneficio de una figura menor, espero que pasajera: los carrileros.

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Carrileros. He aquí una de esas palabras de las que seguro que abomina Luis Aragonés. Pero lo malo no es el término en sí, sino lo que escondía. Escondía la sustitución del extremo por un jugador voluntarioso, de va y viene, que ocupa el medio campo, que se mete en defensa si hace falta y que se da carreras para arriba para tirar centros a la olla desde posiciones todavía templadas. Una figura de entreguerras que significaba la renuncia al desborde, a la profundidad, a esa emoción máxima de la llegada hasta la línea de fondo y el centro atrás.

Una jugada favorita de todos los públicos y de los mejores entrenadores. Para el espectador no hay nada como ese momento de desafío en el que el extremo encara y ataca al defensa, jugándose el balón y el tobillo en busca de una internada que ofrece al tiempo belleza y peligro. Los buenos entrenadores saben que el peligro viene por ahí, como lo sabían los grandes generales de la antigüedad, que enviaban la infantería por el centro, en maniobra de distracción, mientras buscaban la victoria en maniobras de flanco de la caballería por las alas.

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