Yo digo Alfredo Relaño

A mí me cae bien Juanito Muehlegg

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Pertenezco a la generación que saltó de júbilo cuando Paquito Fernández Ochoa ganó una medalla de oro en Sapporo. Asisto ahora a los celos nada disimulados con que nuestro viejo héroe acoge las medallas de Juanito Muehlegg. Tiene razón en lo esencial: les falta autenticidad. Los Fernández Ochoa son flor del puerto de Navacerrada. Se criaron entre la nieve, durante años fueron la escasa (casi única) levadura del esquí en un país seco y terroso. Lucharon, con mérito indudable, contra clima y corriente, por un deporte que les cautivó. Y por su país.

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Y ahora llega un raro fenómeno que con los veintinueve años cumplidos desembarcó en España, se adscribió a la Federación de Murcia (donde no hay nieve, y difícilmente hay lluvia), se lía a ganar medallas de oro (va camino de la tercera) y amenaza con arrumbar el viejo prestigio de aquella familia pionera y con enmohecer aquel oro de Sapporo que nos hizo saltar de los asientos. ¿Son de verdad nuestras estas medallas? ¿Está bien empleado el dinero de una Federación que acoge a un fenómeno extranjero de veintinueve años? Eso es lo que plantea Paquito Ochoa.

Pues a mí me cae bien Muehlegg. Hay algo en toda esta impostura que me resulta simpático. Dice que fue español en otra vida, ha escogido vivir aquí, valora nuestro sol del Mediterráneo y se envuelve en la bandera española cien metros antes de la meta. No me hace vibrar como me hizo vibrar Paquito Ochoa, pero me siento agradecido por su elección y por su extrema expresividad. Tampoco nacieron entre nosotros Kubala, Di Stéfano, Luyk o Brabender, pero aquí se integraron, fueron felices y contribuyeron al desarrollo de nuestro deporte. Y siguen entre nosotros.

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