Podemos ver la botella medio llena
La cosa empezó tan mal que todo lo que vino a partir de cierto momento se puede dar por excelente. Porque España salió desmedrada, dando la sensación de un juguete en manos de un equipo serio, severo, experto, con juego y con recursos. Sólo se podía salvar el empeño de Puyol en la defensa, donde lució como un central ágil, atento y certero. Pero, tal y como estaban las cosas, nada podía impedir que el gol de Portugal llegara. Y llegó, encima, en una jugada que dejó desairado a Casillas. Alguien dijo en la Redacción: "Este Mundial tampoco lo ganamos".
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Pero España se rebeló, se desacomplejó, cambió el ritmo. Corrió mucho, pero además a su velocidad le metió juego. Y con eso no sólo equilibró, sino que casi puede decirse que se llevó por delante a Portugal. Excelente Joaquín en una banda, bien Vicente en la otra, metidos todos. Se ganó el balón, se impuso el ritmo y se les hizo pasarlas canutas a Couto y Costa, los talludísimos centrales de Portugal, y a su inseguro portero. Apareció Morientes y marcó. Era su séptimo gol en siete días, y el decimotercero en dieciséis partidos en la Selección. Estupendo.
Luego cambios, cambios y más cambios. Pero España no perdió velocidad ni ganas. Bien Tristán y Mendieta. Bien casi todos. En realidad, sólo Curro Torres y Tamudo estuvieron por debajo de las circunstancias. Joaquín terminó golpeado y agotado y se le escapó el gol de la victoria por eso, pero, contemplado todo, su actuación fue quizá la noticia más feliz del partido. La peor fue que Figo se preparó otro recibimiento de aúpa para cuando vuelva al Camp Nou el 16 de marzo. Francamente mal lo suyo en la patada a Juanfran y peor aún en el desafío al público barcelonés.
