El viejo respeto al vencido
Entre el marasmo del fútbol los demás deportes consiguen de cuando en cuando colar hasta la retina del gran público imágenes impactantes, de deporte puro. Imágenes que conmueven nuestra fibra como sólo las cosas que tienen que ver con la intimidad de los hombres pueden conmoverla. Hablo del España-Marruecos de Copa Davis. Hablo del hundimiento y el llanto de Karim Amali, que arrastró sus abductores maltrechos por la pista mientras pudo. Cuando no pudo más abandonó el partido y lloró amargamente. Marruecos había soñado eliminarnos, pero...
Noticias relacionadas
Recordé todos los recelos entre Marruecos y España. Pensé en lo que para Amali hubiera significado protagonizar una victoria que llegó a parecer posible, y toda la decepción que esa lesión tan inoportuna le provocó. Y recordé también años no tan lejanos en que España era un país pobre, que enviaba emigrantes sin preparación a buscar divisas a Alemania, a Francia y a Suiza. Y cómo se agradecían en esos años los éxitos de Bahamontes, Santana o el Real Madrid, y cómo dolían sus derrotas. Por los emigrantes, sobre todo, se decía entonces. Para que no se les rían en la cara.
Por eso, ahora que somos un país ganador, me desagradó por excesiva y desproporcionada la celebración de la victoria por parte de nuestro equipo. Persiguiéndose con botellas de champán, haciendo la cadeneta, cantando la conga... Eso por una primera eliminatoria ganada en cancha propia y ante un país que sólo tiene tres tenistas, uno de ellos lesionado y lloroso. Sin duda no había mala intención. Pero tampoco hubo respeto por el vencido. Sobró esa alharaca sin razón ni fundamento. Exagerada hasta la caricatura y desconsiderada. Hay que saber perder y saber ganar.
