Yo digo Manuel Esteban

El enemigo está en casa

Manolete
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La aparición de Effenberg en Madrid no ha podido ser más esperpéntica y contraproducente para el Atlético. La metedura de pata de Miguel Ángel Gil es evidente. No se puede consentir ni permitir jugar a secretario técnico el mismo día del partido ante el Salamanca. Taparse en el argumento de que han caído en la trampa de Gaby Schuster, (que si llega a fructificar esta operación se hubiese llevado más más de un millón de euros, 200 millones de pesetas), no es válido. Los amigos son para las ocasiones y si te traicionan, tabla rasa. El Atlético está por encima de estos teje manejes, que son los que han provocado que este club siempre esté en boca de todos.

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Los únicos que han estado en su sitio han sido Luis y Futre. Solamente el presidente, Jesús Gil, sabe la bronca que ha tenido que aguantar de los dos, que en algún momento le han llegado a decir que estaban por la labor de marcharse. "Los Gil nunca van a cambiar", tuvo que llegar a escuchar el presidente. Incluso la afición debe tener claro que en estos momentos el entrenador está más fuera que dentro, ya que la de Effenberg es la gota que colma el vaso de la paciencia que Luis ha tenido que soportar en los últimos tiempos. El técnico no entiende estos planteamientos y al menos ha conseguido que Gil baje al vestuario para tranquilizar a la plantilla en la recta final en su lucha por el ascenso a Primera.

Ya está bien. El Atlético no puede estar a expensas de milongadas de jugadores veteranos que vienen a pasarse unas vacaciones pagadas, y mucho menos, de un capitán del Bayern, club que hace 26 años nos quitó la Copa de Europa. Effenberg ha demostrado ser un revolera, al que prácticamente le han echado de la selección alemana y del Bayern. En el Atlético se tienen que atar los machos y dejarle a Futre trabajar, porque empiezo a temer que a personajes como Bronzetti se les vuelva a ver por el Calderón, ya que fue él quien trajo a todos los tarugos italianos que nos llevaron a Segunda. Ha sido una patochada la que se vivió ayer en el Atlético y que debe servir de lección. O este club se vuelve serio entre los que mandan o nunca volverá entre los grandes.

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