Nuevas fórmulas para la Copa de la UEFA
La UEFA se plantea nuevas fórmulas para la competición que lleva su nombre. Primero, tres eliminatorias a doble partido, para expurgar a los participantes de menos peso, dicho sea con toda crudeza. De ahí saldrían 64, que jugarían otra eliminatoria (en fase que ya consideraríamos de verdad, no previa) pasada la cual quedarían 32. Con esos se daría paso a una fase de liguilla: ocho grupos de cuatro equipos. Luego, con los dos primeros de cada grupo (nos quedan dieciséis), otra vez sistema de eliminatorias directas hasta decidir dos finalistas. Un poco lioso, ¿no?
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Se trata, en realidad, de ofrecer más partidos, más taquillas, más televisión. Porque la UEFA es ahora una pequeña ruina, sobre todo para los equipos de los países fuertes. España, por ejemplo. Para un equipo español, clasificarse para esta competición suele suponer el desembolso de una prima fuerte, la obligación de reforzarse, mendigar unos derechos de televisión que no compensan (salvo que tenga en su ámbito una Autonómica generosa) y, junto a todo ello, distracciones en el campeonato nacional. ¿Arreglará ese asunto la nueva fórmula que propone la UEFA? No creo.
El problema es que esta competición ha perdido abruptamente nivel. Cuando sólo el campeón de Liga iba a la Champions, la Copa de la UEFA tenía una participación brillante. Pero desde que a la Champions van los dos, tres o hasta cuatro mejores de las grandes ligas, esta copa es poca cosa. Una segunda división europea, mal disimulada. Un pobre producto para la televisión. No resiste la competencia de la Champions. Puede haber casos en que compense, como el del Alavés, pero son excepciones. En realidad se ha convertido en un producto muy menor, cosa que no era.
