El Madrid conoce la receta para la situación
Finalista de Copa, tercero en la Liga a dos puntos del líder, posición desahogada en la Champions. Se podría decir que la situación del Madrid no es mala. Pero sólo ha conseguido dos de los últimos doce puntos en la Liga. Su ventaja se ha esfumado y ha sido alcanzado o superado por un galope de equipos en forma. Ha caído en un bache evidente de juego y otra de sus megaestrellas, Raúl, cede ya ante el peso de los esfuerzos. Como antes Hierro o Zidane. Las otras dos, Figo y Roberto Carlos, siguen en pie, pero su juego deja muy a las claras que le falta frescura.
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La situación pone de relieve que el agua le empieza a llegar al cuello al equipo. El Madrid tiene dos problemas: uno, que se ha impuesto ganarlo todo, incluida la Copa, en el año de su Centenario; otro, que tras un primer equipo magnífico, Los Once de la Fama, apenas hay suplentes de verdad competitivos, que resuelvan los huecos y que permitan descansos oportunos a los titulares. Todo junto empieza a pesar. Las victorias escasean o desaparecen y empiezan los malestares. Empieza el que si tú, que si yo, que si por qué me cambian, que si ese está peor y yo mejor...
Es lo que los clásicos definen como el bache. La fatiga, la pérdida de los automatismos, el desgaste del entusiasmo, la desconfianza. Siempre es una prueba para el club. De cómo se transite por los días malos depende que el daño sea mayor o menor. El Madrid tuvo un pésimo arranque de Liga, supo mantener la flema y le fue bien, así que ya conoce la receta: calma. Y también necesita que Del Bosque se atreva a subir al primer equipo a otro par de pavones (Portillo y Borja, por ejemplo) y se olvide de tantos suplentes profesionales que han dejado pasar sus oportunidades.
