Yo digo Alfredo Relaño

Un vez abolido el fútbol, ¿qué más da?

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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«Cuesta abajo en la rodada, como canta el tango, el fútbol italiano ha llegado al extravío de plantearse la supresión de la regla del fuera de juego. Y ha llegado al extravío añadido de plantearlo con toda frescura al organismo regulador del fútbol mundial: el International Board. Tal propuesta no pasa de ser una grandiosa parida (y perdonen la expresión) que nace de las confusas mentes de los tales Pier Luigi Pairetto y Paolo Bergamo, ambos miembros del comité italiano de designación de árbitros. Y tributarios ambos de un sistema errático del que conviene desmarcarse.

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No hay fútbol sin fuera de juego. Antes de que naciera el fútbol ya existía el fuera de juego. Todo atacante que se sitúa más allá de la defensa contraria es un insolidario que no piensa participar en la tarea colectiva del equipo. Ese concepto está en la raíz del juego (como está en la raíz del rugby) y ha presidido su evolución. Si no hubiera fuera de juego el fútbol sería un juego brutal, inconcebible, de balonazo va y balonazo viene. Cinco atacantes junto a un portero, otros cinco con el otro portero. Y pelotazos de ida y vuelta, rebotes, cabezazos, codazos, lucha loca. Un disparate.

Siempre que he encontrado críticos al fuera de juego han sido personas absolutamente legas en materia futbolística, que ni entienden ni aprecian este juego y que desconocen su norma fundamental. Lo que me asusta es que personajes que han arbitrado y que hoy deciden sobre el arbitraje en Italia sean capaces de plantarse y plantear semejante dislate. Me hace pensar que el calcio hace tiempo que cayó en un territorio de confusión en el que toda insensatez es formulable. Que una vez abrazado al antifútbol, o sea, una vez abolido el fútbol, ¿qué más da abolir el fuera de juego?

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