Milosevic descarga su pesadilla
Llevamos en centrales una entrevista de José Damián González con Milosevic que no se pueden perder. Es el mejor retrato del mal momento que vive el calcio. Es el grito dolorido de un delantero que se pasó cinco partidos sin una triste ocasión de rematar a puerta. Es un grito de socorro de alguien que no quiere volver allí. Y es un testimonio que tiene el valor de proceder de alguien que aún tiene contrato en vigor con un club italiano, el Parma. Ahora está cedido al Zaragoza hasta fin de temporada. "Italia es la cárcel del futbolista", dice. Él está en libertad condicional.
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El fútbol italiano ha ido por delante del resto del mundo. Y hay que agradecérselo, porque nos ha indicado el camino que no hay que seguir. El culto a la táctica, a la preparación física y a la presión ha ido degenerando hasta niveles aberrantes. Italia ha cultivado desde hace tiempo todo tipo de métodos para ahogar el fútbol de sus rivales. Ahora cultiva esos métodos para ahogar su propio fútbol, en el que ya no hay espacio para el talento. Los grilletes se los pone desde hace tiempo a sí mismo, porque se ha dedicado al monocultivo del antifútbol, del tacticismo, de la presión.
El país que adoraba no hace mucho tiempo a Rivera o a Antognoni ya no produce ese tipo de jugadores. Sólo produce gattusos, porque sólo eso se cultiva desde sus canteras. Queda algún raro superviviente de otros tiempos, como Baggio, pero como último ejemplar de una especie extinguida. El calcio está cerrado en sus ideas, castiga el espectáculo y horroriza a los jugadores de talento que todavía caen en la tentación de acudir allí, vendiendo la felicidad por dinero. Y claro, lo lamentan. Como Milosevic, que de vuelta aquí se siente tan feliz que le gustan hasta nuestros árbitros.
