Madrid-Athletic: a todo fútbol
Este partido revitaliza la Copa, y la Copa contiene en su esencia lo mejor del fútbol. Antes de que se inventara la Liga, entendida como sistema de todos contra todos, el fútbol era así, en eliminatorias directas, a un solo partido o a partido y revancha, pero en todo caso al todo o nada. Seguir o quedar fuera. La Liga se inventó para que hubiera más partidos. Fue una respuesta al profesionalismo. A medida que se iba pagando más y más a los jugadores para atraerles o retenerles, fueron necesarios más partidos. Para eso se inventó la Liga, que garantiza más partidos.
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Y yo no tengo nada contra el sistema de Liga. Si acaso, que no ha resuelto aquello para lo que fue creado: la financiación del ritmo de vida del fútbol profesional, siempre entregado a una inflación infernal. A cambio ha introducido un modelo estable de competición, en el que están todos de principio a fin. Con calor, con frío, con lluvia, con viento. En todos los campos y todos los domingos. Llena el calendario, los periódicos, las quinielas, las conversaciones. No ha conseguido cuadrar las cuentas (eso es imposible), pero a cambio sí ofrece muchas cosas que hay que agradecer.
Y sin embargo deja suelto un cabo: el del valor de lo irremediable. En la Liga hay días para casi todo. La Liga es larga, suele decirse cuando hay un tropiezo. La Copa, no. La Copa sólo es larga para los finalistas. La Copa aprieta y no devuelve las oportunidades perdidas. Y desde esa especificidad que tantos años de Liga (y de desdén a la propia Copa) no han conseguido borrar, hoy nos regala una noche grande, porque ocurrirá algo irremediable. O para el Madrid, que sólo este año cumple los cien, o para el Athletic, que ya pone a flote su gabarra. Dos ilusiones. Sólo uno pasará.
