Probablemente, el peor oficio del mundo
La semana se ha llevado por delante a Chechu Rojo. En Zaragoza ya no le aguantaban. En realidad, en la ciudad cayó mal que se marchara a Bilbao. Se podía entender, porque el Athletic es su casa, pero creó cierta reacción de despecho. Así que su regreso, después de no brillar ni mucho menos en San Mamés, provocó en el aficionado un movimiento de repulsa. Como luego el equipo no pitó, ni mucho menos, el ambiente se hizo irrespirable. Algún entrenador me ha contado cómo llegan a sentirse en esos casos: como el enemigo público número uno de la ciudad.
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Mal oficio éste. El otro día vi a través del Canal Barça la rueda de prensa del club (rueda de molino, más bien) y vi un Rexach atormentado. Atrapado entre una plantilla disoluta (admitamos como probadas la escapada de Saviola a Andorra, el control de alcoholemia de Kluivert, el retraso de Rochemback y Geovanni y con lo del Hesperia que cada uno deduzca) y una prensa inquisitiva. Apelando a códigos de compañerismo justo dos días después de haber sido él quien lanzara la primera insinuación. Sinceramente dolido con todo y con todos. Posiblemente consigo mismo.
Mal oficio, sí. Hay una raya. A un lado está el entrenador. Al otro, los jugadores, los médicos, los directivos, los periodistas, la afición y, para colmo, el cuarto árbitro. Todos dispuestos a crujirle a la primera de cambio. Claro, que ya dijo El Gallo que hay gente para todo y conozco un caso de adaptación al oficio extraordinario: Toshack. Ficha en Liverpool o en Turquía, sin importarle dar pistas y alimentar dimes y diretes. Tiene al equipo el último y cuando le place se marcha de vacaciones a Mallorca. Colosal. Eso es saber andar por la vida. A mí hasta empieza a caerme simpático.
