Fausto Coppi vuelve a nuestras páginas
Grande entre los grandes: Fausto Coppi. Una vida marcada por la tragedia y una muerte joven que regresa como un enigma. Ganó cinco veces el Giro y dos el Tour, y eso que la Segunda Guerra Mundial le partió la carrera. Aquellos eran otros tiempos y ni siquiera Il Campioníssimo Fausto se salvó del frente. Le apresaron los ingleses en Túnez. Pasó meses en un campo de concentración, como un bulto anónimo más. Con la paz recuperó la bicicleta, los cuidados de Cavanna, su masajista ciego, y su vuelo de Garza Real. Fue glorioso. Pero nunca consiguió ser feliz.
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La vida le atormentó. Su rivalidad con el exultante Bartali le aprisionó en el ojo del huracán. A él, tan tímido y pacífico. Le tocó vivir la mortal caída de su hermano Serse, también ciclista. Él mismo sufrió con mortificante frecuencia el rigor de las caídas, en las que sus huesos de cristal se hacían añicos, dando lugar a partes espantosos y a meses de convalecencia. Pero a cada convalecencia sucedían meses de pedaleo irresistible, excelso, intratable. Era entonces cuando al conectar la RAI con la carretera se escuchaba: "Un huomo solo é al comando: ¡Fausto Coppi!"
Entró en amores adúlteros con la mujer de su médico. Bella, rubia, siempre de blanco: La Dama Bianca. Abandonó a su esposa, una mujer de su pueblo, que enlutó por él: La Dama Nera. Aquello fue el acabóse. Italia le repudió. Él quiso ser otro. Probó el glamour, las fiestas, una vida nueva. Y cara. Cumplió años. Forzó la máquina para seguir ganando dinero. Ya tenía cuarenta cuando fue al Alto Volta, de donde regresó sentenciado a muerte. ¿Por malaria? ¿Envenenado? Italia le lloró y le perdonó. Ahora sus huesos esperan inquietos a que el juez decida sobre su exhumación.
