Florentino Pérez, el hombre de 2001
La familia Pérez recibió a AS en su casa y brindó por los éxitos del año 2002.

Florentino Pérez ha sido el personaje del 2001 en el Real Madrid. Ni la llegada de Zidane, ni el Pichichi de Raúl, ni el FIFA World Player obtenido por Figo le han restado popularidad. Su gestión, según sus socios, es sobresaliente, y el 2001, en el madridismo, pasará a la historia por haber acabado con la deuda del club. Florentino Pérez es, ante todo, un hombre familiar y muy humano. Por su mujer, sus tres hijos, su nieto, sus tres perros y su Real Madrid lo daría todo.
Más allá del hombre serio y calculador que se vislumbra en sus discursos, en sus actos oficiales y en sus negocios es una persona sencilla, humana y muy pendiente de todo aquello que pasa a su alrededor. Disfruta de los placeres más cotidianos de la vida y se siente realizado cuando consigue arrancar la sonrisa de un niño. Es feliz con sus amigos, con una cena en familia, un buen vino o un par de huevos con patatas. No tiene favoritismos por nada, ni siquiera por Figo y por Zidane, sus dos fichajes estrellas. Tiene dos debilidades: su perro Otan, que le sigue a todos los sitios desde el momento en que llega a su casa, y su barco, el Pitina II, al que se escapa siempre que sus ocupaciones se lo permiten. Le gusta la libertad de navegar sin ser observado, sin ser objetivo de una cámara indiscreta. Se coloca su gorra de capitán, se sitúa delante del timón y a surcar las aguas cristalinas del mar Mediterráneo.
Tiene una máxima en la vida que cumple a rajatabla. Dice que el tiempo se divide en dos partes, el ganado y el perdido. Florentino no está para perder el tiempo, por eso su agenda siempre está tan cargada de acontecimientos a los que intenta no faltar.
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Le gusta sentarse en su sillón, con sus perros, y ver un partido de fútbol tranquilo, escuchar una zarzuela o charlar del día a día. Le molesta ese cartel que le han puesto de hombre que lo consigue todo, pero es cierto que cuando desea algo con fuerza, lo persigue, lo seduce y lo atrapa.
Se siente orgulloso de todo lo que ha construido a su alrededor, aunque nunca se conforma y siempre quiere más. Le apasiona la política. Detallista con todos y más apasionado de lo que parece. Es el retrato del personaje del 2001 y del hombre del Centenario del Real Madrid.