Yo digo Alfredo Relaño

Ser linier es realmente difícil

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Me consta que ser linier es realmente difícil. Lo prueba el hecho de que no hay ninguno bueno. Se dividen en dos clases: los malos y los peores. Los malos son mejores que los peores, pero no llegan ni siquiera a ser regulares. Excepcionalmente pueden estar aceptables una tarde o una noche, pero eso: sólo como excepción. ¿Y por qué es tan difícil ser linier? Porque es difícil coger la bolsita y el banderín y hacerse un montón de kilómetros para salir a un campo de fútbol y no hacer nada. Les puede la impaciencia por hacer algo y pecan siempre por exceso.

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Yo entiendo que es difícil. Manejan un código con dos únicas leyes: fuera de banda y fuera de juego. Y están deseando aplicarlo, porque si no. ¿para qué el viaje? ¿Para qué el banderín? ¿Para qué los insultos que soportan? Así que en cuanto el balón pisa la raya dicen que ha salido fuera. En cuanto el delantero adelanta a la defensa dan fuera de juego, aunque haya arrancado en posición legal. Eso los malos. Los peores quieren ir más allá de esas dos leyes y entonces imaginan cosas. El mejor ejemplo es Rafa don’t fuck me, que con tal de hacer algo es capaz de imaginar penaltis. Otros imaginan insultos y acaban por provocar expulsiones de honrados profesionales.

Hace algún tiempo no era tan así. Los liniers eran árbitros modestos, aspirantes a subir de categoría y acudían a los partidos con idea de ayudar y hacer experiencia. Hacían poco y lo hacían bien. En los corners corrían junto a la portería para vigilar los agarrones. Desde que sólo son liniers y ven tal función como horizonte definitivo de sus vidas ya no hacen eso. Se sienten más importantes. Quieren influir a su modo. Y estorban.

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