A punto de entrar en el gran año del campo
2002 debe marcar el principio de un sueño blanquiazul: tener un estadio nuevo

La pasada noche, Papá Noel visitó nuestros hogares. Muchos regalos, sonrisas, alguna lágrima y, sobre todo, mucha ilusión. El Espanyol también tiene su Papá Noel. ¿Qué regalo pidió el club? Tener un campo nuevo, en donde la afición blanquiazul se sienta en su casa. Como en Sarrià, aquel viejo estadio que tanto quiso el españolismo y que tan lejos queda ya en el recuerdo.
Papá Noel ha sido bueno, porque el Espanyol también se ha comportado como debía, y le ha concedido ese deseo. La directiva lo lleva casi en secreto, desde hace mucho tiempo, pero las filtraciones de algunos directivos (dígase Germán de la Cruz, por ejemplo) han destapado la caja de los truenos. El club maneja unos terrenos en Cornellà que serían ideales para la construcción de un estadio. Elucubrando sería algo así: coqueto (treinta o treinta y cinco mil localidades), con la grada pegada a la línea de cal para que la presión sobre los rivales vuelva a ser crucial, hasta el punto de que se pueda ganar partidos sólo con el aliento del público. ¿No era así en Sarrià? Ya no nos acordamos.
Han pasado cuatro años de la demolición del viejo campo. Montjuïc fue el lugar elegido, obligado, y no le fue nada mal. El temor por perder la categoría ante tan magno cambio de escenario pasó rápido. Ahora, el equipo se ha estabilizado en Primera parece que los descensos fueron cosa de los noventa y la economía del club empieza a estar saneada. Dani y los suyos han conseguido lo más difícil: parar la hemorragia de los intereses (se habían llegado a pagar dos millones diarios).
Las famosas filtraciones del nuevo campo dicen que podría costar unos 5.000 millones. Hoy en día no es dinero. Que se lo digan a Lendoiro o a Horacio Gómez, presidentes de Deportivo y Celta respectivamente, que se arriesgaron con equipos modestos. Ahora marcan el paso de la Liga de las Estrellas. Dani lo tiene claro; sólo le falta que la buena estrella le guíe bien.
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Ha llovido mucho desde que en septiembre de 1997 el Espanyol se instalara en el Olímpico de Montjuïc. La montaña mágica ha recibido muchos elogios, pero los datos cantan: el Espanyol estuvo cuatro temporadas sin ganar al Barcelona. En un campo nuevo, todo podría ser diferente.