Yo digo Alfredo Relaño

La incomparable vibración de la Copa

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Escribo mientras se desgrana la jornada de octavos de final de Copa, unos octavos que se han quedado en séptimos porque el Hospitalet (su extravagante presidente, para ser más precisos) no quiso jugar contra el Depor. Y pienso cuánto más digna ha sido la caída del Nástic que la del Hospitalet, y cuánto más orgullosa puede sentirse la ciudad, la afición y el fútbol por todo lo que ha hecho el equipo de Tarragona. Impecable lección de deportividad, de superación, de dignidad. De fútbol, en una palabra. Han escrito fútbol con letras grandes.

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Y nos han puesto de relieve la incomparable emoción de la Copa. Con su partido en Tarragona y con su arranque en el Bernabéu, obligaron a un esfuerzo máximo al que quizá podamos definir hoy como mejor equipo del planeta. Sus megaestrellas tuvieron que echar el resto para volcar el campo sobre la portería de Masó y salvar su supervivencia en esta Copa cuya final tiene escrita el Madrid en rojo en la agenda de su Centenario. Pasó con todos sus esfuerzos y porque Casillas atinó por una cuarta en su desesperada acción ante Castillejo, que le costó la expulsión, pero no el penalti ni el gol.

¡Qué emociones ofrece la Copa! Lástima que nuestro fútbol profesional la desprecie. El mismo Madrid la toma en serio por lo del 6-M en el Bernabéu. Pero ya vemos lo que ha hecho otros años. Urge que el campeón de Copa vaya a la Champions, como propone Villar desde hace tiempo. Ahora Italia se suma a la idea, y la UEFA lo va a considerar. El día que eso llegué (y llegará) recuperaremos la plenitud de una competición que este país ha arrinconado estúpidamente, ignorando que es capaz de ofrecer unos valores propios que la Liga no puede suplantar.

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