Papa Noel Jesús Gil
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Gil se ha soltado el pelo. Se ha puesto visionario y se ha convertido en el portavoz de lo cansados que estamos los atléticos con la pesadez del Centenario blanco. Es imposible aburrir tanto con la cantidad de acontecimientos que se anuncian para este año. Los madridistas se han subido al púlpito de la prepotencia y nos quieren amedrentar al resto. No nos importa. Incluso estamos por la labor de apoyar este evento. Si es necesario para el partido del 2 de enero, les damos la ventaja de que arbitre Carmona blanco para que repita la gran actuación que tuvo ante el Nástic. Todo sea por la causa. Asumimos nuestra condición de invitados de piedra y que nos dejen tranquilos. Nos conformamos con nuestros vaqueros y la vuelta a Primera. Incluso si es necesario nos llevamos fotografías para que nos las firmen las joyas de Florentino.
Nuestro presidente está desconocido. Sigue siendo un auténtico camaleón. El domingo en Almendralejo hubiera colgado a media plantilla y en la comida del martes se dio el piquito con ellos. La mano de Luis se nota en el Atlético. El técnico no quiere que nadie le quite los galones de mando y han procurado dar una imagen de serenidad. Recogida por los tontos de siempre, pero que nadie se vuelva loco. Otra salida de pata de banco y a los jugadores les van a salir los colores y la demagogia del primer puesto no les va a servir para nada. Lo que sucede es que ahora los trapos sucios se suelen lavar en casa y hay pocas filtraciones. Gil ha asumido el papel de Papa Noel en estas vacaciones. Ha buscado el tono jocoso para dar un poco de morbo al derby de principio de año y luego ha querido que estas Fiestas se puedan pasar en un clima de tranquilidad. No obstante, en sus doce uvas se encuentras muchos proyectos de gran calibre para conseguir en Primera estar entre los grandes. Sabe que es necesaria la llegada de algunas estrellas para su producto y ya ha advertido a los técnicos que no se preocupen del asunto dinero. Lo sacará hasta de debajo de las piedras. Su prioridad es volver a dar ilusión a una afición que sale chamuscada del Infierno y que necesita grandes sueños para librarse del yugo madridista.
