La NBA no es el mejor ejemplo
La NBA tiene su propia reglamentación antidoping. No es que sea un buen ejemplo, porque si todos los deportes hubieran hecho lo mismo que el Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona y Atlanta, hubiese habido barra libre, pues ningún jugador pasó controles. En los de Sydney, sí, pero a cambio de que se los hicieran los propios médicos de la NBA. La NBA, en esto, manda mucho. Más que el Comité Olímpico Internacional (COI). Si éste le pide que acuda a los Juegos siempre será con sus propias reglas. La NBA no negocia. Impone. Y si no, que no inviten a sus jugadores.
Noticias relacionadas
No hay que pensar por ello que los jugadores de la NBA son unos tramposos, que son tan buenos porque toman esto y aquello. Pueden ser, eso sí, más fuertes, pero no mejores. Tienen unas reglas y las cumplen. Estaremos de acuerdo o no, pero allí entienden que los deportes profesionales disponen de unos equipos médicos capacitados para dar a cada deportista lo que más le conviene, dentro de sus propias sustancias permitidas, para mejorar el rendimiento sin poner en peligro su salud, algo también discutible, pero que es así. En España, el ciclismo profesional sueña con un modelo parecido.
Aquí tenemos una normativa que es común en todo el mundo, incluso en Estados Unidos a excepción del baloncesto, el béisbol, el fútbol americano y el hockey sobre hielo. Los demás deportes están sujetos a la misma normativa que en España, y que emana del COI. Otra cosa es que, dependiendo de la popularidad, poder o influencia de cada deporte o de cada deportista, el tratamiento sea distinto. Unos pasan más controles que otros, y en caso de positivo, como ahora todo se judicializa, que haya o no sanción dependerá más de un buen abogado que de la cantidad de doping que aparezca.
