Esta Federación no se ha ganado el respeto
Dos deserciones de la Copa en menos de dos años. La anterior fue la muy sonada del Barça de Núñez y Van Gaal, con el hoy atribulado Guardiola al frente del pelotón de desertores. El Barça salió de rositas. ¿Qué pasará ahora con el Hospitalet? Pero vayamos primero a los hechos. No me ha gustado lo que ha hecho Lendoiro. Estaba en su derecho, pero es propia de grandes la grandeza de ánimo, y el Depor ya es un grande. Si la Real o el Madrid han jugado en césped artificial, bien podía haberlo hecho el Depor, que encima tenía partido de vuelta en Riazor.
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Pero menos me ha gustado lo que ha hecho Miguel García, que ha alcanzado una triste notoriedad a costa de un alboroto estéril. No era el momento para esta lucha. Si piensa (y yo lo pienso con él) que estos campos deben aceptarse en la Copa, debió plantearlo antes y mejor. Ahora su actitud le cuesta un buen dinero a su club (unos cincuenta millones y lo que cuelgue), le expone a una sanción seria y le hace perder la razón. Mucho mejor hubiera sido la actitud de jugar tras una protesta firme y digna, que todos estábamos dispuestos a recoger y a escuchar.
Dos abandonos en menos de dos años. ¿Por qué pasa esto? Porque la Federación no tiene autoridad. Una cosa es el poder (el de meterte o quitarte sanciones, el de asustarte con árbitros paloma fuera y halcón en casa) y otra la autoridad, que necesita convicción, seriedad, rigor, buen hacer. El cúmulo de arbitrariedades y disparates acaba en esto. Por ejemplo: ¿cómo prohibirle al Hospitalet que juegue en un campo de rugby cuando la propia Selección Nacional ha recibido a México en el patatal de Huelva? ¿Y cómo presionar al Hospitalet después de indultar al Barça?
