Tambores de guerra

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Cada vez que el Zaragoza hace algo mal, La Romareda es un trueno contra su entrenador. El equipo juega sin red, sometido a la ira de una afición que convierte todos los problemas en un problema con nombre propio: Chechu Rojo. A la gente no le gusta su Zaragoza, y ese problema, en su sencillez, encierra unas dimensiones mayúsculas. El "Rojo, vete ya", que volvió a escucharse el domingo frente al Alavés, viene a ser el resumen de un descontento que al club no le pasa inadvertido. Y no puede pasarle, porque la situación ha alcanzado ya un punto sin retorno. Es tal la fractura que el futuro de Rojo en el Zaragoza es imposible. En el mejor de los casos, y si los resultados no anticipan el adiós, el técnico llegará hasta junio y se despedirá. No existe otro camino.
Pero el descontento proviene de la época anterior de Rojo en el Zaragoza. El entrenador nunca ha tenido el favor de la grada, ni siquiera en los tiempos en los que puso al equipo a luchar por la Liga y la Champions. Por culpa de ese prejuicio, su regreso no tuvo el habitual periodo de cortesía que se debe a todo recién llegado. A las primeras de cambio, la grada se puso enfrente del entrenador. Y esa escena no ha dejado de repetirse en cada derrota en La Romareda. Y ya van cuatro. El ruido es tan fuerte que no pasa desapercibido y alrededor del Zaragoza de Rojo no se escucha más que el sonido de los tambores de guerra.