El baloncesto se merece más
El baloncesto español atraviesa un gran momento. Hay que aprovecharlo. La Selección nos emocionó en el Eurobasket y acaba de establecer un récord de asistencia en Vistalegre, Gasol triunfa en la NBA y nos hace sentirnos orgullosos, y la liga ACB registra la mayor asistencia a las canchas de su historia. Aparecen todas las circunstancias favorables para dar un empujón a este deporte, que presumió de ser el número dos después del fútbol, pero que la realidad llegó a situar por detrás del ciclismo o el motociclismo. Vuelve a ser un gigante, pero ojalá que esta vez no tenga los pies de barro.
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Ahora mismo todos los protagonistas sacan pecho. La Federación, porque sus equipos nacionales ganan; la ACB, porque tiene la mejor liga de Europa. Pero una y otra andan a la gresca. Tienen sus competencias bien delimitadas y sus intereses son, lógicamente, distintos, pero han llegado a hacer de ellos su caballo de batalla. Resultado, el caos: dos competiciones continentales la pasada temporada, calendarios artificialmente sobrecargados, continuas demandas en los juzgados por los no comunitarios, jugadores que son extranjeros en la ACB y no lo son en los torneos europeos...
Las diferencias se han acentuado tanto que la Federación y la ACB tienen rotas sus relaciones. Y el problema está ahí: un deporte en expansión y las dos partes más interesadas que no se hablan. Unas estupendas entrevistas de Tomás Roncero con los protagonistas han abierto el debate. No se trata de quién tiene razón, sino de acercar posiciones para llegar a unas conclusiones de las que sólo saldrá beneficiado el baloncesto. Éste es un deporte colosal, ultraprofesionalizado y al que sólo le sobran problemas y le falta un pellizco de mayor emoción. El buen juego ya lo ponen los jugadores.
