Guardiola: una pelea con final cantado

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Siempre es lo mismo. Primero el desconcierto, un disgusto que abruma, una sensación de que la reputación propia queda maltrecha para siempre. Luego, tras un rearme de valor y los buenos consejos de los buenos amigos, la comparecencia pública para explicar que uno es inocente, que cree en el contraanálisis y que va a luchar por rehabilitar su nombre y su puesto como profesional. En ese momento está Guardiola, que desde ayer empieza a remar río arriba, para dulcificar su posición. Lo conseguirá, pero sólo eso. No podrá rehabilitarse totalmente.

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El doping es la gran carga del deporte actual. El antidoping es la asignatura que le quedó colgada a Samaranch en su gestión, por lo demás ejemplar, de tantos años en el COI. Es una lucha difícil, porque de los laboratorios surgen tanto sustancias dopantes como enmascaradores de las mismas, pero también surgen a veces métodos para detectar la sustancia prohibida a pesar del enmascarador. Es una guerra química entre modernos genios de la bioquímica, que se dan unos a otros patadas en el culo de los deportistas. Esta vez la patada se la ha llevado Guardiola.

Esta lucha se complica por falta de acuerdo entre las federaciones en sistemas de detección y sanción. Y falta una legislación supranacional que respalde esta lucha. Ha habido casos de atletas sancionados que han ganado pleito contra la IAAF en justicia ordinaria; el vacío entre legislaciones se lo permitió. Por esa rendija escapó De Boer, gracias a un abogado listo que asustó a la UEFA. Guardiola acudirá al mismo, en su lucha por palpar una salida en el mundo de sombras en que le ha metido algún sabio de las recetas que ha resultado no serlo tanto. Aminorará el daño, pero...

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