Del Bosque: dos años y un día

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Son dos años y un día en el banquillo del Madrid. Parece más. Atrás queda el alboroto que le dejó Toshack (que si cierro los ojos cuando vuela un balón a nuestra área, que si los cerdos volaran o volasen, que si Bizzarri de titular en la portería...) ese galés desahogado que ahora le pega al besugo y al golf en Zarauz. Atrás quedan una Champions, una Liga y una Supercopa. Atrás quedan unas elecciones que renovaron la presidencia. Atrás quedan el sonado traspaso de Redondo y los lujosísimos fichajes de Figo y Zidane. Todo dos años y un día. El tiempo pasa deprisa.

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Este hombre ha tenido que cambiar sus hábitos. "Ahora vivo al sprint", le dijo a Pedro Pablo San Martín. Él, acostumbrado a la tarea lenta de la cantera, que es como la siembra, el cuidado, la paciencia y mucho mirar al cielo. Ahora lo suyo son dos apretones por semana, una cita urgente cada tres días con la opinión pública, que exige ganar o ganar. Ahora no trabaja con chavales, sino con las más deslumbrantes estrellas que el equipo ha tenido desde hace cuarenta años. Ahora cada decisión es urgente y está mirada con lupa por cien periodistas y diez millones de hinchas.

El sábado el Madrid ganó su partido de Liga y el domingo él cogió el coche y, tempranito, salió para Cuenca, para ver allí al Lanzarote, próximo rival de su equipo en la Copa. Y el lunes, vuelo a Praga, a seguir construyendo, piedra a piedra, la Novena. Así es la vida con la que se ha comprometido. Con ventas y compras le han obligado continuamente a rectificar planes sobre la marcha pero él ha ido resolviendo sus problemas. Su estilo discreto, lejano a las estridencias, recuerda a los hombres que mejor encajaron en el banquillo de la casa, como Molowny o Muñoz. Y ahí sigue.

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