García dice que se va. Buen viento le lleve...

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Después de un montón de años en los que ha ejercido un papel singular en el mundo del deporte, José María García anuncia que le fallan las fuerzas. En la última oleada del Estudio General de Medios su audiencia se había precipitado hasta los 550.000 oyentes. Muy lejos de la mitad, casi un tercio, de los de su victorioso oponente, José Ramón de la Morena, y muy poquito por encima del Tirachinas de Abellán, cuyo aliento ya sentía. Hace ya muchos años que García perdía, un EGM tras otro, tozudamente, frente a El Larguero de De la Morena. Pero su caída se estaba acelerando.

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A pesar de eso, y a favor de sus buenas relaciones con el poder dominante, alcanzó hace poco una especie de canonjía múltiple, la pretendida presidencia de Telefónica Sports, que se supone que incluía una serie de responsabilidades en distintos territorios mediáticos artificialmente sostenidos por el dinero de Telefónica. El momio incluía un programa deportivo nocturno de radio en Onda Cero. Era una buena oportunidad. Pero un año y pico de experiencia ha bastado para dictar un veredicto fatal para esta iniciativa tan respaldada: fracaso en todos los frentes.

En la radio, el retroceso es dramático. De la Morena se le escapa hasta cotas inalcanzables y Abellán le pisa los talones. Y Telefónica Sport es un pozo de pérdidas. Soportables, sí. Gracias al incesante chorro de dinero que la factura del teléfono que usted y yo pagamos garantiza para cualquier aventura extravagante. Pero ese bochorno no es eterno. Su contrato era por dos años. Terminará este verano. ¿Quién se lo iba a renovar en esas condiciones? Llegó con vocación de portaaviones pero a sus mentores se les quedó en un tiro al aire. Dice que se va. Buen viento le lleve.

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