Coloccini y la eterna escuela argentina

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Hace algunos años leí una frase bien traída de Menotti (tiene muchas) en una entrevista. "Argentina exporta doscientos goles cada año". Y así era, y así sigue siendo. Exportaba y exporta jugadores, desde Europa hasta Japón. Pero ya no sólo exporta goles. Ahora también, o sobre todo, exporta centrales, especialistas en una función que con el tiempo se ha convertido en una de las más difíciles del fútbol. Se exige lo de siempre (fuerza, salto, valentía, agilidad, dureza) más velocidad, hoy imprescindible, y una base de calidad para superar la presión y darle salida al equipo.

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Y ahí los tenemos. A Cáceres, que lleva tiempo entre nosotros, y Berizzo en el Celta. A Ayala (magnífico) y Pellegrino en el Valencia. A Rotchen en el Espanyol, viudo ahora de Pochettino, que se fue al PSG de Luis Fernández. A Schurrer en Las Palmas. A Lussenhoff en el Tenerife. A Siviero, en horas bajas, en el Mallorca. Y sobre todo a Coloccini, el hombre de moda en el campeonato. Otro acierto del Alavés, que si ejerce su derecho de compra por 2.300 al Milán tendrá cola de clubes dispuestos a darle más. Este, además marca goles. Ahora está en racha.

En Argentina se juega muy bien al fútbol. Lo mismo salen virgueros como Saviola o Aimar que un cañonero feroz como Batistuta, un mediocampista del empaque de Redondo o centrales como Coloccini, uno de los hombres que más atraen la atención en nuestro campeonato. Tiene casta, recursos, personalidad y remate. Es una nueva muestra de la categoría superior del eterno fútbol argentino, que produce de todo, y casi todo bueno. Maradona puede entrar tranquilo en la noche de la historia. Con y sin genios, el fútbol de su país siempre estará bien defendido.

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