La FIFA pretende asaltar el Balón de Oro
En 1956, la revista France Football, entonces en la órbita de L'Equipe, lanzó la feliz iniciativa de elegir cada año el mejor jugador de Europa, mediante votación entre todos sus corresponsales en el Viejo Continente. Al ganador se lo otorgaría un Balón de Oro. Aquel trofeo, que nació al mismo tiempo que la Copa de Europa, tuvo tanto éxito como ésta. Desde aquel lejano 1956, en que lo ganó Stanley Matthews (el primer inglés que supo regatear), el Balón de Oro ha sabido acreditarse como la proclamación formal del mejor jugador de la temporada. Al menos en Europa.
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A partir de cierto momento la FIFA sintió celos de ese trofeo. En 1991 creó su propia elección de mejor jugador del año. Y no sólo de Europa, sino en todo el mundo. Diferencia menor, en el fondo, porque en Europa juegan los mejores y porque a partir de 1995, el Balón de Oro suprimió la norma por la que excluía a quienes no fueran naturales o nacionalizados de algún país europeo (Ese año ganó el liberiano Weah. Maradona no lo ganó nunca porque era argentino). Y otra diferencia: en el caso de la FIFA en lugar de periodistas votan los seleccionadores de todo el planeta.
¿Y quién sabe más, los periodistas o los seleccionadores? Usted pensará que ni unos ni otros. Y la experiencia señala que nos llevamos poco. En diez años, desde que existe el premio FIFA, ha habido seis coincidencias y en los otros casos hemos andado cerca. Ahora la FIFA, que no consigue ensombrecer el prestigio del Balón de Oro, pretende adelantar la fecha de su elección para avasallarle. Mal hecho. La FIFA no está para competir con buenas iniciativas como ésta, a la que el acierto constante ha convertido en tradición, sino para arreglar lo que no funciona. Que es mucho.
