¿Defender a Turienzo es defender el arbitraje?

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

No hace mucho escribía en esta columna que en Inglaterra han descendido a un árbitro a Segunda por una decisión clamorosamente equivocada. Bueno, y ¿a qué división habría que descender a Turienzo? Ya el año pasado desató la lengua de Mané, el tipo más tranquilo de nuestro fútbol. Fue en el Alavés-Rayo, y cómo sería que aunque ganó 4-2, Mané dedicó la conferencia de prensa al loco arbitraje de este hombre. Ahora le ha vuelto a caer en suerte y de nuevo la pedrada de loco pegó en la frente del rival, esta vez el Espanyol, que está que echa las muelas.

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¿Y ahora, qué? Ahora nada, porque la cebollinez instalada en los despachos que rigen nuestro arbitraje pensarán que hay que defender a Turienzo, porque así se defiende el arbitraje. Omertá, que nadie ataque a uno de los nuestros, corporativismo y tirar p’alante. No les da la cabeza para comprender que defender a los malos es ensuciar el arbitraje, que al final la gente termina confundiendo turienzos con los que no son turienzos, y no hay por qué. En España también hay algunos buenos árbitros, más o menos un tercio de ellos, y no merecen esta compañía.

Porque una cosa es equivocarse y otra cosa es incurrir en una especie de delito de disparate continuado. Un penalti señalado y borrado tras consultar a los dos liniers. Una decisión desproporcionada por una melonada de Argensó que más merece mirar para otro lado. Una segunda tarjeta a Morales que es de aurora boreal. Y para colmo, el gafe de un gol fuera de hora en situación límite. Un remate merecido para un arbitraje absurdo e indigno que, como otros, no moverá a inquietud a Villar y a Sánchez Arminio, que tienen en tan poca consideración a nuestro fútbol.

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