Euroliga | Real Madrid 87 - Skipper Bolonia 82

El Real Madrid pasó la prueba de Fucka

La actuación de Djordjevic decidió ante el Skipper Bolonia.

VELOZ. Alberto Herreros sacó partido en varios contragolpes.
Ricardo González
Diario AS
Licenciado en Periodismo en 1997 y desde ese año redactor de Diario AS. Se apasionó del baloncesto europeo mucho antes, cuando era un niño en los 80, y en la actualidad es cronista del Real Madrid, del que ha cubierto más de mil partidos entre la ACB y la Euroliga. Estuvo en Japón 2006, en el primer Mundial que ganó España.
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Reclamaba el Real Madrid (Scariolo y sus jugadores) una ocasión para comprobar su potencial europeo. Ayer la tuvo a medias y aprobó con nota. A medias digo, porque el Fortitudo de Bolonia fue una vara de medir poco fiable. Es de los grandes de Europa, pero le falta un pasito para codearse con los superfavoritos: Maccabi, Panathinaikos y, sobre todo, Kinder.

Los blancos, de momento, no saben —sabemos— si entrarán en ese paquete (ahora son primeros de grupo con el Panathinaikos). Hay dudas. La maldita lesión de Raúl López, quién vendrá ahora para reemplazarle... El equipo debe seguir creciendo, sin freno, como un adolescente. Ayer —sólo a ratos— y ante el Barcelona apareció el camino a seguir: movilidad continua en ataque y contragolpes frenéticos tras robo o rebote defensivo claro. Velocidad, en una palabra. Para dar ese estirón definitivo, Scariolo debe buscar la aportación total de todos los jugadores (Vukcevic y Alberto Angulo, por ejemplo).

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Ganarle al verdugo de años anteriores deja un buen regusto. Además, jugaba Fucka, una bestia negra con todas las dimensiones (2,15 m), probablemente el mejor jugador en Europa. Empezó fuerte, con ganas. 17 puntos al descanso. "Es una pesadilla", gritaba Scariolo. La réplica la daba Djordjevic, con maestría, y la balanza llegaba compensada al descanso: 40-39. El rebote ofensivo italiano (labor del rocoso Evtimov) hería al Madrid, pero el Fortitudo dependía en exceso de Fucka. Le faltaba los pívots Kovacic y Van den Spiegel (lesionados) y el base americano Celestand, baja de última hora por miedo al control antidóping (tomo a espaldas del club un jarabe con efedrina).

Y con Fucka murió (66-54, min. 32). Un aliado tuvo en Meneghin, pero no bastó. Struelens y Tabak paraban a la longilínea estrella y Djordjevic (Toñín Llorente cumplió en los relevos) sentaba cátedra. Maestro. Cuando el Fortitudo metía miedo final con triples, Djordjevic se fabricó —y anotó, claro— seis tiros libres consecutivos y ofreció un catálogo de asistencias, incluso de espaldas. Era la puntilla, junto al sensacional trabajo de Tabak.

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