Roberto Carlos se ha metido en orsay

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

O sea: Roberto Carlos ha hecho ocho mil kilómetros para ir al médico, y éste le ha dicho lo mismo que le decían los médicos del Madrid: que tiene que descansar. No le han incorporado al grupo que viaja a Bolivia, sino que se queda en Río de Janeiro, con un recuperador. Él aún piensa apurar sus posibilidades de jugar el día 14, contra Venezuela, pero de momento no ha dicho que su exclusión del viaje a Bolivia obedezca a órdenes de arriba. Cosa que sí dijo de su exclusión del clásico, en fea e injusta insinuación que dejaba en mal lugar a los médicos del Madrid.

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En suma: los médicos del Madrid tenían tanta razón que sus colegas de Brasil, por muchas ganas que tuviera su seleccionador de contar con Roberto Carlos en Bolivia, han estado de acuerdo. Desgraciadamente, Roberto Carlos se ha metido en orsay. Su ansia por jugar con Brasil, su razonable miedo a perder el puesto en la selección en este año de Mundial, le han ofuscado. Creó un feo estado de ansiedad antes del clásico y se colocó a sí mismo en una posición de víctima que no era tal. ¿Y si hubiera perdido el Madrid? Entonces hubiera podido presentarse o ser presentado como el gran ganador de una crisis que creó él solito y por un interés absolutamente personal.

Él lo comprenderá. Es un jugador magnífico, que envía continuamente señales positivas a su alrededor. Frente a otros compañeros, generalmente taciturnos, él sonríe, ríe, firma autógrafos y se hace fotos con hinchas. Como jugador es ejemplar. Fantástico técnica y físicamente e inigualable en el contagio de entusiasmo. Se le puede pasar por alto esto, pero también se le debe recordar que se ha puesto un poco cabezota y que no tenía razón.

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