Figo lo tenía guardado...
El clásico dejó poco espacio al lucimiento | Esfuerzo colectivo, pocas concesiones y dos relámpagos en el área del Barça | Figo remató con un gol que se va a recordar

Esperábamos más pero fue como fue. ¿Y cómo fue? Pues muy a la italiana, con los dos equipos muy entregados y atentos, peleando cada metro, con miedo a arriesgar y esperando cada cual una mínima rendija por la que colar el gol. El Madrid encontró dos y las dos fueron gol. La segunda, un golazo, con burreo previo y satisfacción de Figo, que el día de su veintinueve cumpleaños se hizo un regalo de ensueño.
El Barça encontró dos (una y media) y en las dos se encontró a Casillas, que para eso está. Fue en un tiro sin apenas ángulo de Kluivert y en un cabezazo claro de Gabri, a centro de Rivaldo, en la única ocasión en la que el genial brasileño consiguió encontrar espacio para edificar una jugada bella y clara.
Por lo demás, fue un partido para meritorios, canteranos y esforzados. Un partido ideal para MacManaman, Macca para los amigos, un futbolista de la escuela del Liverpool, solidario, consciente y esforzado. Un extremo venido a menos al que apenas quedan mañas para escaparse por la banda y centrar, pero que sabe ser el socio de todos, en la media, arriba, atrás. Se levanta de las patadas que recibe, da las patadas que se precisan, ventila al equipo por todas las zonas y se asoma por arriba de cuando en cuando, por si pesca algo que haga recordar sus buenos tiempos de atacante distinguido.
Y ayer atrapó un buen pase de Zidane, que anoche debió de sentirse como en Italia. El partido se había planteado trabado, con máximo rigor táctico, secuestro de los espacios a las estrellas y combate cerrado en todas partes. En medio de ese fragor estaban decepcionando todos nuestros pasados, presentes, futuros y futuribles balones de oro, cuyo rendimiento no se distinguía del de los impecables canteranos de uno y otro lado. Hasta que Zidane, tan entrenado en este tipo de partidos, encontró un espacio por el que meterle un balón profundo a Macca, al que encaminó directo hacia los fotógrafos, a la línea de fondo, donde la quieren los buenos extremos.
Macca, que un día no muy lejano lo fue, llegó hasta allí y cruzó con la izquierda un centro impecable al segundo palo. Allí compareció Raúl, que siempre está donde se le espera. Su cabezazo rebotó en la chepa de Frank de Boer y quedó en el aire para el nuevo cabezazo, éste sin oposición, de Morientes. Hubo carambola, pero en realidad el balón llevaba escrita la palabra gol desde que salió del pie izquierdo de Macca. Y casi desde el lanzamiento de Zidane.
Entonces podría haber empezado otro partido. El Barça estaba en desventaja y tenía enfrente a un Real Madrid que, como bien dijo Iñaki Gabilondo a Josep Pedrerol en los prolegómenos del partido, aún está en pretemporada. La pretemporada más larga de la historia, añadió. Y así es. Pues ante este Madrid aún sin fraguar, con una defensa recompuesta con dos canteranos cuyos nombres nadie conocía hace un mes, con Rivaldo y Kluivert en plenitud y con un grupo de canteranos (Gabri, Puyol, Xavi) a los que tampoco se les pone nada por delante, el Barça de Rexach dio una pobre medida.
El problema no es que no empatara o ganara. El problema es que apenas fue capaz de menear el árbol. El problema es que no tuvo ni convicción ni juego para hacerse con una victoria, o al menos un empate, que hubiera dejado al Madrid definitivamente malherido en el campeonato.
Quizá porque el Barça también está en pretemporada. Tampoco el Barça tiene adquiridos los automatismos que reclama Zidane para el Madrid, tampoco sus estrellas están en estado de gracia ni su atrevimiento es el ideal para jornadas así.
Rivaldo, cuya participación en el partido cayó en Madrid como una bomba, no justificó el temor que en las vísperas había infundido a los madridistas. Kluivert empequeñeció frente a la pareja Hierro-Pavón. Overmars está fuera de punto.
Incluso en los cambios cedió la iniciativa el Barça. Cuando Del Bosque vio que Morientes no podía más (reencontró el gol y trabajó, pero aún no está para grandes cosas) le sustituyó por Helguera, con el fin de asegurar el medio campo. Rexach respondió quitando a Overmars para meter a Rochemback, que no se distinguió más que por una patada al propio Helguera fuera de lugar que bien le pudo costar la expulsión.
Luego, dos cambios más, que sonaban a corazonada: Saviola, a ver qué inventa (tarde y mal en un partido que no estaba para inventar mucho) a cambio de desmontar la defensa, y finalmente Gerard por Cocu, asfixiado. Nada que le permitiera al Barça otra cosa que insistir en su monótono subir a la montaña, a estrellarse en una defensa que no se veía obligada a grandes esfuerzos.
Queda dicho que Rexach desmontó la defensa con la entrada de Saviola por Christanval. La verdad es que para entonces el Madrid dejaba solo a Raúl arriba, pero las incorporaciones de gente que llegaba de atrás eran numerosas. Zidane, Macca, Michel Salgado, Figo y Makelele se sobreponían a la fatiga (el partido fue muy trabado y exigente para todos y todos lo notaron) llegaban y amenazaban. En el otro lado se reunían Rivaldo, Kluivert y Saviola, el célebre trío, pero todavía juegan como desconocidos.
Su presencia lujosa todavía no es más que apariencia. El Barça de anoche fue el insistente empuje de Puyol, Gabri y Xavi, abanderados de un esfuerzo tan elogiable como improductivo. Y a medida que se acercaba el final del partido dejaban un vacío cada vez mayor detrás suyo. Pasaban los minutos y el Barça cada vez era menos. Al final todo era patadón para arriba a lo que salga. Y lo que salía era el mariscal Hierro, que las ganaba todas, y las dejaba, en su impecable salto de cabeza, en los pies de un compañero.
Así hasta que llegó la jugada de la noche. Fue la tercera subida clara del Madrid al área del Barça en el último cuarto de hora. Esta vez, los atacantes estaban tan cansados que no se precipitaron, o quizá lo bastante lúcidos como para entender que los defensas estaban tan cansados como ellos. Así que lo tomaron con reposo. Un tuya-mía entre Zidane y Makelele, un reposo, un mirar, un pase raso al corazón del área, la lucidez de Raúl para dejarla pasar y el golpe plano, seguro, de Figo, cruzando al segundo palo.
Un gol con mucha miga. Fue como cuando los cinco buenos de la oficina burrean a los cinco malos. Fue, además, gol de Figo, que había hecho un partido embarullado, voluntarioso y confuso, como los últimos que venía haciendo. Fue su venganza, un plato que se toma frío, por todo lo que ocurrió el año pasado. Fue el regalo que se hizo a sí mismo el día de su cumpleaños. Fue un gol para recordar, por su ejecución tan masticada, por su importancia.
Porque el gol pone a flote al Madrid en este campeonato, del que pudo despedirse ayer. Aún está muy lejos del Depor, pero recupera una posición honorable cuando aún queda mucho recorrido por delante. Y de paso ha dejado en mal lugar a otro gran aspirante, el Barça, y le ha explicado a Roberto Carlos que sin él y con Raúl Bravo también se pueden ganar partidos grandes. Que necesarios son todos, pero imprescindible, ninguno. Que el fútbol es de todos. También de Pavón, de Bravo, de Gabri, de Xavi, de Puyol y de Casillas que, dicho sea de paso, dijo aquí estoy yo un par de veces.
EL DETALLE. Sigue la racha en Madrid
El Madrid mantiene su buena racha de un año sin perder un partido oficial de Liga en el Bernabéu, justo desde el 1 de noviembre ante el Mallorca, también con arbitraje de Puentes.
Perfecto: Macca
Partidazo completo del inglés, con esfuerzo y talento para ayudar en la banda, a Makelele y marcar pausas.
Fenomenal: Hierro
Ni un fallo atrás, duro y con mando en plaza, cortó por arriba, barrió por abajo. El maestro perfecto de Pavón.
Muy Bien: Xavi
Manejó con calidad y criterio el juego azulgrana, aunque sufrió al no poder abrir a nadie por la derecha.
Bien: Pavón
Protegido por Hierro, el chaval estuvo firme, atento, rápido y sin mostrar fisuras. Muy bien, como Bravo.
Regular: Figo
Su gol (tras genialidad de Raúl) no tapó del todo su poco desborde, sus caídas y un tono crispado.
Mediocre: Coco
Se ve que el italiano es especialista del lateral zurdo, pero dejó poca presencia. Un jugador irrelevante.
Mal: Rexach
Noticias relacionadas
Su línea de fichajes salió tocada: Saviola, Rochemback, Andersson y Geovanni suplentes. No reaccionó.
Muy Mal: Rochemback
Salió tarde y lo hizo mal, empezando por una fea entrada a Helguera. ¿Le confundió con Kluivert?