El duelo de dos hombres tranquilos
Dos equipos, dos estilos, dos ciudades, dos ambiciones. Casi dos españas. Un siglo de pleitos y millones de enfervorizados hinchas y detractores. Noventa minutos para añadir quién sabe qué glorias, qué oprobios o qué incidentes a un pleito interminable. Que si Figo, que si Gaspart, que si Puentes Leira, que si la señora del palco, que si tú dijiste, que si tú más, que si a ti te pitaron, que si a mí me lesionaron... Una caldera de pasión bajo los focos de toda la curiosidad nacional. Una guerra incruenta y apasionada. Y en medio, sorprendentemente, dos hombres tranquilos.
Noticias relacionadas
Quizá es que se las saben todas. Están ahí desde que eran unos muchachos. Se criaron en el ojo del huracán. Los dos fueron tratados como sospechosos ya en su época de jugadores. Por lentos, por técnicos, por altos, porque se les veía mucho cuando el equipo no sabía qué hacer y les echaba el balón. En las horas malas son los jugadores técnicos los más abroncados, porque en ellos se detiene el juego en busca de una solución que no aparece. Y los grandes estallidos de frustración del público (del propio, que son los que más duelen) les pillan con el balón en la bota.
Ahora se lo seguimos poniendo difícil. Del Bosque hizo un equipo campeón de Champions y le vendieron al eje, Redondo. Lo rehízo, ganó la Liga y le alborotaron el equilibrio ecológico con el deslumbrante fichaje de Zidane. Rexach llegó, se hizo su composición de lugar, cortó de aquí, añadió de allá y de repente le soltaron a Saviola, que le alteró los planes. El uno tiene que ganar la Champions, sí o sí, cada año. El otro tiene que hacer que el Barça juegue tan bien como el Dream Team. Ellos hacen lo que pueden, nos miran escépticos y cada día tienen las espaldas más anchas.
