'La Chata' se enamora del Estudiantes

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Se quemó hace algunas semanas el Palacio de los Deportes de Madrid, el viejo templo en el que veneramos a Timoner y Galiana, temimos a Livramento y descubrimos a los Globetrotters. Se quemó el Palacio de los Deportes de Madrid y lo primero que pensamos todos fue qué sería a partir de ese momento del Estudiantes, su último inquilino. ¿Dónde irá ahora la Demencia a venerar a sus toreros? Pero resulta que aquel incendio fue un bien que iluminó un nuevo camino. Estudiantes se ha reacomodado en la vieja Chata y se ha hecho fuerte con catorce mil fieles.

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Quizá estaban predestinados. La Chata, la plaza de toros de Vistalegre, fue siempre alternativa al mundillo oficialista del taurinismo. Allí toreaban los rebeldes contra el poder de turno en San Isidro. Allí se refugió Bienvenida cuando le hicieron el vacío por denunciar el afeitado, allí mató Antoñete vitorinos como torres y allí hizo Paula una faena mítica. Allí pelearon su Oportunidad, ante las cámaras de TVE, Sebastián Palomo Linares y El Platanito, entre muchos anónimos. Siempre fue plaza rebelde y alternativa. La compraron los dominguines, buscando un negocio improbable.

Cuando se alargó el metro hasta Carabanchel alguien le dijo a Dominguín padre: "Ahora sí vendrá gente a la plaza". Y él repuso, fatalista: "Lo que pasará ahora será que los de Carabanchel tendrán más fácil ir a Las Ventas". Pero ahora resulta que un soplete mal manejado ha proyectado al Estudiantes, equipo antisistema, al viejo y rebelde solar carabanchelero. Y que ahí triunfa. Llegó por casualidad y resulta que le estaban esperando. Me temo que los yuppies del baloncesto tienen mucho terreno por explorar. Que viven un mundo cerrado y gorrón y no miran más allá de sus narices.

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