Promete buen fútbol
No era el mejor momento para volver. Con 0-2 en el marcador y, ante la situación acuciante, Moré le dice a Luis García en el descanso que caliente. Atrás quedaban el año de cesión en Tenerife en el que demostró que era jugador de Primera y, sobre todo, la grave lesion que se produjo a una semana del comienzo de la Liga. Una lesión que tiraba por la borda toda la pretemporada y que obligaba a Luis a esperar todavía más para verse con el Valladolid entre los grandes.
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Aunque fue dura la derrota frente al Alavés, uno de los capítulos que dejaron mejor sabor de boca fueron los detalles que el catalán plasmó sobre el campo. Ganas, desparpajo y sentido del gol. Sus ansias por marcar eran tales que no dudó a la hora de asumir la responsabilidad del penalti. Le pidió la pelota a Tote y colocó el balón en el punto fatídico. Tiró a lo Panenka o a lo Djalminha (recuérdese el Milán-Depor de la pasada campaña) y consiguió un gran gol.
Un tanto que de poco sirvió en el partido, pero que a Luis García le ha devuelto la confianza, la alegría de jugar y de sentirse importante. Si todo transcurre con normalidad, la punta izquierda del ataque del Valladolid será suya pronto. Los 65 millones que hace dos años se pagaron por él son ahora un regalo del que el aficionado al buen fútbol se beneficiará.
