El hombre de moda es Diego Tristán
Se le veía venir, pero también le acompañaba la sospecha de ser un poco bala perdida. Un jugador con aires de superclase, pero también uno de esos que casi siempre están reñidos con el entrenador y que parecen no tomarse el fútbol como una profesión seria. Con esos jugadores nunca se sabe: pueden romper en cracks o pueden romper en fugaces flores de discoteca. Este parece que definitivamente ha roto en crack. Un delantero excelente, con estatura, visión de juego, técnica exquisita, valiente y una magnífica producción de goles. Un mirlo blanco, vaya.
Noticias relacionadas
Ahora vuelve a recordarse que el Madrid lo dejó escapar. Lorenzo Sanz lo había amarrado por si ganaba las elecciones, pero Florentino lo desestimó. ¿Por qué? Por miedo justamente a que rompiera en gamba, en bala perdida, en suplente de esos que siempre tienen mala cara. Fue consejo de Del Bosque, que, muy en la escuela clásica del Madrid, da extrema importancia al carácter y al comportamiento de los jugadores. ¿Se equivocó el Madrid? Quién sabe. Quizá fue justo ese revés de quedarse a las puertas del Madrid lo que hizo reaccionar a Diego Tristán. O quizá no.
De fútbol sabemos todos... cuando ya han ocurrido las cosas. Antes de que ocurran, no sabe casi nadie. Quizá es que Lendoiro sea uno de los pocos que sí aciertan antes. El caso es que ahora dice que Tristán no es una monja, pero eso a él no le importa. Juega y mete goles. Mientras, el Madrid está sin nueve porque justamente uno de los tipos que parecían más fiables, Morientes, está invadido por una extraña melancolía que nadie se explica. Los futbolistas son personas, y como todos nosotros, cambian, evolucionan, a veces para bien o para mal. Tristán lo ha hecho para bien.
