Probablemente, la mejor plantilla del mundo

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
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Hace algo menos de dos años, el Real Madrid ganó en Old Trafford 2-3 (taconazo de Redondo) y pareció que el mundo se paraba. Anoche el Depor ganó el Old Trafford 2-3 y merece que el mundo se pare, al menos por unos momentos, para dedicarle una sonora y cerrada ovación. Old Trafford es una cosa muy seria. Es el campo del Manchester United y los aficionados lo conocen como El Teatro de los Sueños. Un templo del fútbol, un lugar de referencia en la vieja Europa, un espacio sagrado que encumbró a Bobby Charlton, George Best y Dennis Law. Un sitio muy serio.

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Pues ahí ganó anoche el Depor, que desde ya debe ser considerado por ello un equipo especial. Cada mes me admiro más por la prodigiosa aventura de este club, que en su década prodigiosa no sólo ha abandonado para siempre el remoquete de equipo ascensor que le acompañara durante tantos años (luego ni eso, porque llegó el momento en que se atascó en Segunda) sino que se ha colocado en pie de igualdad con el Madrid y el Barça. Y eso supone estar en la crema del fútbol europeo. Respetar a todos pero no temer a nadie. Ni siquiera al Manchester en Old Trafford.

Probablemente, la mejor plantilla del mundo. A diferencia de otros, el Depor es un equipo que no acusa nunca las bajas. Le pueden faltar, dos, cuatro, seis u ocho que no se nota. Los que entran y los que salen son equivalentes. Todos buenos. Todos implicados. Todos imbuidos de esa unidad de propósito que hace grande a un grupo, a un equipo. Todos buenos futbolistas, confiados en su capacidad, en su fuerza y en la de sus compañeros. Todos listos para lo que haya menester. Un pedazo de equipo. Un grupo que anoche puso a pensar a Sir Alex Fergusson.

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