Pánico a perder
El Madrid jugó encogido en Mendizorroza, acusando la baja de Zidane, y el Alavés tuvo el partido en sus manos al final

El Real Madrid acabó pidiendo la hora en Mendizorroza. Su frialdad durante ochenta minutos le llevó a un sufrimiento final de muy mal aspecto. No muestran los blancos autoridad suficiente para andar sobrados por el campeonato.
Cuando el Alavés apretó después de un partido de mucho jabón y poca pegada, se vieron cosas muy preocupantes en el conjunto de Del Bosque. Y llegó este mal trago porque ayer volvieron a defraudar jugadores que no terminan de asumir su papel ejecutor. Sin Zidane y Roberto Carlos cualquiera habría esperado un día brillante de Figo y Raúl. Sin embargo, el portugués pasó la noche por los suelos y el 7 apenas forzó una acción de mérito. Así no es.
Miedo, mucho miedo dejaron ver en la primera parte los dos equipos. El Madrid se ajustó a un fútbol control amarrando con Makelele -en muy buen tono- y Celades, el jugador del toque hacia atrás, sin abrir líneas más que en alguna arrancada de Raúl Bravo por el lateral al más puro estilo Roberto Carlos, con menos gas. También las triangulaciones de Raúl y Guti provocaron cierta alarma en la zaga del Alavés, pero siempre Karmona y Coloccini estuvieron prestos para el corte. Así, por parte visitante apenas se inquietó Herrera con una falta directa lanzada por Hierro y un tiro cruzado sin chispa de Guti.
En realidad, en la cabeza de los hombres de Del Bosque rondó la idea de no cometer un error en área propia, mientras en el Alavés se vio poquita creación y mucha brega. A base de empujones Iván Alonso llegó a rematar un par de balones ante Casillas, pero nunca dio sensación de llevarse el partido. Tuvieron los dos equipos la espada envainada hasta el descanso, derivando el espectáculo en una tensa calma, con escaso fútbol de paladar y mucho toque trabado en el centro del campo. La incidencia más notable fue la descomposición de la zaga madridista con el recrudecimiento de la lesión de Karanka, dejando paso al canterano Pavón junto a un Fernando Hierro muy, muy seguro todo el partido.
No se movió una hoja en Mendizorroza hasta el minuto sesenta. De nada le sirvió al Madrid meter en campo a Savio, pues se anudó él solo a la raya de banda sin levantar la voz. El Alavés solventó con un soberbio Coloccini las puntaditas de Guti, mientras Karmona y Turiel fueron como Tyson para Figo. Lo tumbaron la primera vez y no levantó cabeza. Así, el partido era una aburrida secuencia de jugadas sin puntas de emoción, hasta llegada la hora de juego, cuando Mané dio toque de corneta con Vucko y Witschge.
El Alavés se sintió grande. Se hizo dueño del balón y de los espacios. Solamente el día iluminado de Hierro, Casillas y Makelele evitó lo peor. También los canteranos Pavón y Raúl Bravo dieron la cara. La defensa, curiosamente, fue lo mejor del Madrid. Hasta la suerte se alió con ellos cuando Salgado remató a propia puerta en una carambola que dio en el poste y acabó con el balón en manos de Casillas. El Madrid no arañó ni una vez en la cara a Herrera. No dio un solo susto de gol. Jamás pareció capaz de ganar un partido cargado de urgencias para asomar la cabeza en la tabla. Por lo visto, se ha acostumbrado a que Zidane ponga la fantasía y su ausencia pesó como una losa.
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El detalle: 20 faltas locales y 10 del Madrid
El partido resultó bastante trabado por las numerosas faltas que cometió el Alavés. Los de Mané buscaron el corte del juego madridista por cualquier medio posible. Veinte faltas vitorianas por diez del Real Madrid hablan por sí solas. Los de Del Bosque no se acostumbraron nunca a la dureza local, sobre todo en la línea de creación, donde Figo vivió uno de sus peores días.