Sé de muchos que ni descolgarían el teléfono...

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Bush ofrece 1.400 millones a quien le entregue a Bin Laden. Ya sé que me estoy metiendo en un terreno resbaladizo, pero no puedo resistir la comparación con nuestro hiperinflacionado mundo del fútbol. Conozco a tres docenas de intermediarios que por esa cantidad ni descuelgan el teléfono. Un mal central, con pasaporte comunitario falso y veinte partidos jugados en una liga de medio pelo, ya vale más que eso. Y luego está lo de las comisiones ¿Habla Bush de las comisiones acaso? ¿Quién las descuenta? ¿Las descuenta él o el cazarrecompensas?

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No quisiera bromear con el asunto más siniestro que nos agobia, pero es que resulta una percha válida para que entendamos el disparate en que se está convirtiendo el fútbol. Es curioso: los clubes ingresan por debajo de sus presupuestos un año tras otro, y eso que las televisiones han pagado más de lo que podían, cuestión de la que antes o después se echarán atrás. Además: hay más oferta que demanda, hay jugadores que sobran en las plantillas de muchos equipos, hecho notorio y conocido. Bueno, pues a pesar de eso, a pesar del exceso de oferta y de la galopante ruina de los clubes, el precio de los traspasos de los futbolistas no baja. Al revés: sube cada año, hasta hacer irrisorios esos 1.400 millones de Bush.

¿Y a qué se debe eso? Sobre todo, al desahogo de los mercaderes de un mundillo que ha perdido todo reparo. Hay que comprar, vender, negociar y cambiar. O sea: hay que sisar. Cuanto más se encarezca el jugador, más altas serán las comisiones. Las del que vende y las del que compra, las legales y las ilegales, las que se contabilizan y las que van a Caja B, las que se saben y las que se ocultan. Un desastre.

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