De cabeza de ratón, a cola de léon
La diferencia entre la NBA y el resto del mundo se ha dicho siempre que es abismal. Hay gente del baloncesto el mismo Aíto, por nombrar a una persona con voz autorizada que dice que no, que también hay mucho cuento. La verdad es que partidos de exhibición ha habido en los que los equipos europeos pusieron difícil la victoria a los de la NBA. Y en los pasados Juegos Olímpicos, Lituania estuvo a punto de eliminar al mismísimo Dream Team. Pero la verdad es que hay diferencia. Ejemplo de ello lo tenemos en Gasol. Ha debutado como reserva en las filas de un discreto equipo NBA.
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En el Barcelona, Gasol era uno de los pilares del equipo. Tanto que su ausencia ha debilitado el juego interior. Con la selección española, ya vimos lo que fue capaz de hacer. Se convirtió en líder del equipo, asumió la responsabilidad y nos llevó al podio. Cualquier equipo europeo quisiera a Gasol. Mete puntos incluso triples, coge rebotes, pone tapones y tiene un irreductible espíritu ganador. Es tan bueno que los Atlanta Hawks le cogieron en tercer lugar en el draft. Pero no es todavía lo bastante, según la escala de la NBA, y lo cedieron a los Grizzlies. Allí tiene que ganarse el puesto.
En su debut se encontró con que el protagonismo recaía en otros jugadores, incluso en el novato Battier, que sí jugó de titular. Gasol tuvo su oportunidad y salió pronto, a los nueve minutos. Metió sus puntos y cogió sus rebotes. No tuvo una actuación estelar, pero tampoco desentonó, ni muchísimo menos. Lo importante es que contribuyó a la victoria de su equipo. Pero, al final, las estadísticas le dejaron como el séptimo hombre de los Grizzlies en minutos jugados, algo impensable estando con el Barcelona, con España o con cualquier equipo europeo. Esa es la diferencia entre la NBA y el resto.
