Las Palmas-Madrid: el valor de una escuela

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

No sólo ocurrió que perdió el Madrid. Ocurrió también otra cosa: que ganó Las Palmas. En días así solemos atender más al cataclismo del grande que al mérito de su oponente, que en este caso tiene varias lecturas bellas y provechosas. Ganó un equipo que representa a un club arruinado, incapacitado para hacer fichajes, pero que también representa una vieja escuela. Ganó un equipo con el orgullo y la dignidad del David de la Biblia y con el viejo afecto al balón que siempre han cultivado los futbolistas de aquella parte. Ganó un equipo que jugó bien al fútbol.

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Un equipo del que se marchó este verano Guayre, la última perla, pero al que han ido entrando otros. Cada partido que uno ve de Las Palmas aporta el descubrimiento de alguna nueva cara, de algún jugador interesante, de aire desenvuelto, atrevido y bueno con el balón. ¿Qué tienen? Escuela. Una escuela que estalla por la cantera. Buen ejemplo para el Madrid y para Del Bosque, que ante la lluvia de bajas que el Virus FIFA le ha provocado ha preferido recurrir a una retaguardia aburguesada, cómoda, poco ambiciosa. Gente que está de vuelta sin haber llegado, gente que cobra prima por ganar la Liga sin ganarla, gente que se aclueca bajo la camiseta del Madrid pero que no la defiende como está mandado.

Cuando Del Bosque llegó al Madrid sacó castañas del fuego tirando de la cantera. Hablo de los tiempos de Meca, Zárate y otros. Gente de ida, que quizá no lleguen lejos, pero que salían con ganas, con responsabilidad, comprometidos. Como los canteranos de Fernando Vázquez el miércoles. El Madrid también tiene su escuela. Se vio en la rabia de Guti cuando salió. Olvidar esa escuela es suicida.

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