Esos locos bajitos

Noticias relacionadas
Cantaba Joan Manuel Serrat aquello de "esos locos bajitos que se incorporan...". Una balada con un punto entrañable, dedicada a los críos que desde que abandonan el chupete y la lactancia empiezan a dar la lata a todos aquellos que los rodean. El Madrid también tiene sus particulares locos bajitos, personificados en la figura única y genuina de Pedro Munitis. Apenas mide 169 centímetros, tiene unas piernas enroscadas como si fuesen árboles milenarios y su fútbol es tan impredecible como el de Geremi o Iván Campo. Ellos son los ácratas de un equipo que los necesita, para lo bueno y para lo malo. De eso sabe mucho Munitis, que hizo un primer tiempo seductor para luego tirarlo todo por la borda de forma miserable.
No se entiende que un jugador capaz de marcar con picardía el primer gol blanco y de forzar la falta que dio pie al segundo (una obra maestra de O Rei Zidane), decida autoexpulsarse al poco de empezar el segundo periodo, el de la verdad, con la falta de la impotencia, de los futbolistas malcriados, de los niños que tiran la piruleta al suelo cuando papá se la compra demasiado tarde. Munitis es un delantero curioso. Capaz de fabricar una sociedad diabólica con Raúl y de desperdiciar situaciones diseñadas para que su caché se disparase por las nubes. Pero Munitis, como Geremi o Campo (¿por qué hiciste ese penalti Iván?) no consiguen asociarse con el éxito. Están malditos.