Primera | Las Palmas 4 - Real Madrid 2

Defensa rota

Las Palmas explotó los defectos del Madrid atrás y de nada sirvieron el gol de Zidane y la generosidad de Geremi.

TRABAJO SIN RECOMPENSA. Geremi se dejó el pellejo atacando y defendiendo, pero su equipo tuvo muchos problemas para defender.
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Las Palmas dio una lección al Madrid. Desde la humildad. Haciendo la guerra con soldados rasos. Sin presunciones. Jorge, Rubén, Lago y otros como ellos dejaron con las vergüenzas al aire a un Madrid roto por la defensa. Incapaz de cerrar los espacios, titubeante en la marca y sin autoridad. Increíble, pero cierto. El equipo de las estrellas sucumbió sin Figo, Roberto Carlos y Macca ante hombres orgullosos dispuestos a correr más que nadie, a pegarse con el mundo.

Una primera parte frenética dio cuatro vueltas de campana al partido. Naturalmente, porque las defensas del Madrid y de Las Palmas mostraron todos los defectos posibles acumulados. Primero, los blancos, donde Hierro e Iván Campo saltaron al campo con un desconcierto posicional agudo. Si además se unía un trabajo poco fino de Makelele en la zona de proyección canaria, el resultado estaba dicho: dos goles nacidos en ataques frontales de Pablo Lago y Jorge.

El modelo defensivo del Madrid estaba cojo de origen con la ausencia forzosa de Roberto Carlos. Karanka tardó en congeniar con la raya de cal y con Solari, dando un pasillo enorme a Ángel y Edu Alonso. Dos chavales ambiciosos, ágiles como nadie, a los que convenía atar en corto. No sucedió así y el flotador madridista se desinflaba también por este agujero mal parcheado.

Pero decíamos que Las Palmas tampoco supo mantener entereza ante el sostenido envite del Madrid. Un empuje en el que más que nunca se vio a Zidane con carácter, empeñado en levantar un partido que por dos veces se había puesto en contra. El francés peleó, llevó el balón, abrió el juego y se empeñó en dar confianza a Geremi en ese papel comprometido de imitar a Figo. Fernando Vázquez había dado orden de repliegue cuando a los ocho minutos se encontró con el marcador a favor. Hasta ocho hombres se atrincheraron en dos líneas, pero no fue suficiente.

Geremi, ejemplo de generosidad, se creció por la banda y con una inteligente asistencia a Munitis resolvieron el primero de los empates. Estaba el Madrid mejor de la mitad hacia arriba. Incluso sin que Raúl apareciera en todo el partido, colapsado en un intenso tráfico de jugadores. Era una igualada merecida a la vista del juego, aunque quizás pudo producirse antes si Pérez Lasa no se hubiera hecho el loco en un salto punible de Schurrer sobre Zidane a la media hora de juego. En fin, por ahí no se determinó falta máxima y sí en una arrancada de Jorge que Iván Campo cortó bobamente con el cuerpo en falta. Fue el segundo del Las Palmas.

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El nuevo zarpazo canario obligó al Madrid a meter una marcha más. Parecía Increíble, pero Las Palmas se movía con tremenda soltura al acercarse a Casillas. Mal síntoma. Por fortuna para Del Bosque, apareció la figura inmensa de Zidane para poner el balón en la escuadra con una clase excepcional. Otro gol del crack francés. Sale a gol por partido. Está tapando muchas bocas.

En la segunda parte el Madrid mantuvo el lamentable tono defensivo. Agudizada la situación, además, por una autoexpulsión de Munitis en un ataque de furia absurdo. Y por la retirada de Zidane, renqueante de una lesión. Rubén, un chavalín, sacó los colores a Hierro, Salgado y hasta a Casillas, marcando el tercero burlando una línea de fuera de juego muy mal trazada. Pero lo mejor lo tenía el chaval guardadito en la manga. Cuando el Madrid derrotaba hacia la muerte lenta, sorprendió con un lanzamiento de vaselina maravilloso que puso en pie al Insular. Era la venganza de los soldados rasos.

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