Liga de Campeones | Real Madrid 4 - Anderlecht 1

Como una moto

El Anderlecht dio el susto a un Madrid dormido, pero Raúl tomó las riendas y comandó una remontada incontestable. Al final, 4-1 y el Madrid está a un paso de la segunda fase.

ASÍ FUE EL 701. Raúl se plantó ante De Wilde, cuando el portero salía, y le hizo una dulce vaselina.
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Hay futbolistas iluminados. Nacidos para marcar las diferencias. Hombres que saben templar los nervios, no venirse abajo ante las dificultades y sacar adelante al ejército frente al fuego cruzado. Raúl fue ayer ese jugador de aplomo, inalterable ante un marcador adverso, tenaz y contagioso. Fue el líder de una remontada relámpago, capaz de marcar goles especialmente delicados por el tacto de su bota. El crack que convirtió un áspero partido en una fiesta de Champions a la vieja usanza -otra vez a costa del Anderlecht- cumpliendo con la goleada prometida.

El Real Madrid se fue al descanso castigado por su frialdad. No bastaron los coletazos de Munitis, las buenas arrancadas de Solari ni los remates de Raúl en boca de gol para percibir vibraciones de equipo ganador. El doble pivote circunstancial con Celades y Makelele producía un fútbol excesivamente plano para desbordar a las dos líneas con ocho jugadores del Anderlecht defendiendo. Poca dinamita para derribar el muro y excesiva dispersión mental en algunos jugadores clave. Quizás rondaba en sus cabezas la crisis de fondo vivida por Roberto Carlos.

Tan roto estaba el guión que el ariete moreno Aruna Dindane se convirtió en la estrella del partido. En una arrancada a los once minutos encendió las alarmas. Roberto falló un pase en su desorden mental, recibió el delantero y en una carrera de quince metros le sacó diez a Hierro. Casillas apareció para ganar el uno contra uno y apagó el primer fuego. El Madrid estaba dormido.

Por momentos alguien pudo recordar al gran Zidane, sentado en la grada ayer. El balón pedía a gritos mejor trato creativo. Alguien tenía la obligación de poner criterio. Solari y Raúl fueron los más animados, junto al bravísimo Munitis. Cómo está peleando el cántabro para hacerse grande en ese difícil puesto circunstancial de ariete. En fin, los intentos desdibujados del Madrid por romper el hielo no tuvieron premio, mientras el citado Aruna pertrechaba su auténtica fechoría: otra escapada entre los centrales y esta vez sí, golito por encima de la salida de Iker.

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Ver para creer. El Anderlecht saltó al campo con nueve defendiendo y en dos toques Stoica y Aruna se comieron al Madrid. Para ser sinceros, nadie pensaba que estábamos ante el marcador definitivo. Era cuestión de meter la primera mano al mentón.

Y sucedió pronto en la segunda parte. Antes de los cinco minutos Celades sacó un gol de una chistera. Se tiró al suelo rebañando y encontró el empate. Fue pata negra para el chaval y para el equipo. Celades resurgió apoyado, ahora sí, en Makelele y emuló a Zidane hasta donde sus virtudes se lo permiten. Y por allí apareció el pianista Raúl para poner música a la fiesta. Con habilidad hizo el segundo; con magia elevó sobre De Wilde para el tercero y la noche esperaba la rúbrica de Solari, gran partido, para enmarcar el cuarto. La fiesta pudo ampliarse si Morientes hubiera estado fino. Pero la reaparición le pilló oxidado. El Anderlecht aceptó esta muerte y hasta le dio tiempo a De Bilde a tirar un penalti al palo. Ni por esas.

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