Esta Vuelta la vamos a empatar
La Vuelta reposa en vísperas de su última semana. Una Vuelta hermosa, de etapas cortas y ágiles, rápida, con alternativas en la cabeza de la general y con grandes sucesos: el descomunal hundimiento de la ONCE, el inesperado resurgir de Chava, coronado por su enésima espantada, la revelación de Mercado, la eterna insistencia del Kelme, la implacable seguridad de Casero... Sin embargo, esta Vuelta no apasiona. Las audiencias de televisión no son las de otros años, y las cunetas no se han visto granadas de gente más que en el estreno de Aitana, que movió el orgullo local.
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¿Qué pasa aquí? Que falta rivalidad, como bien decía en este periódico ayer Juan Manuel Trueba, cuyas crónicas cada día me enseñan más y me hacen gozar más. ¿Ganará Sevilla o ganará Casero? Gane el que gane estaremos contentos, por él y por nosotros, pero no hay victoria plena si no hay rivalidad, y en este caso no la hay. Buenos chicos los dos, buen escalador y apañado contrarrelojista uno, buen contrarrelojista y apañado escalador el otro. Demasiado parecidos, demasiado sencillos, demasiado amables. Ninguno es un héroe del todo, y mucho menos un antihéroe.
Echamos en falta el enemigo exterior. Un Caritoux al que perseguir todos. O un Giovanetti. O Millar. (¿Se acuerdan de la encerrona en la Sierra de Madrid?). Pero no los hay. Lipenheimer podría haber hecho ese papel, pero le falta un poco. Pantani y Virenque no están para nadie. Así que luchamos contra nosotros mismos, destinados no a ganar, sino a empatar. ¡Si al menos la lucha hubiera sido entre Olano y Chava! Esos sí son distintos. Vasco serio uno, castellano travieso el otro, estilos contrapuestos, ONCE contra ibanesto.com... Hubiera sido otra vez Loroño-Bahamontes.
