Aquel día conocí a Bernardo de Salazar...

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

Un día leí en un coleccionable de ABC un recuadro que ensalzaba la figura de un tal Bernardo de Salazar. Apenas una foto y una breve nota. Se le presentaba como un riguroso aficionado al que reconocía su contribución a la hora de corregir e introducir precisiones en la obra. Había en esa nota un no sé qué que me sonó a muy verdad. Yo entonces no estaba en el periodismo deportivo, y quizá por eso mi memoria registró el qué, pero no el dónde y el quién. Es decir, me quedé con que en algún sitio había un sabio del fútbol, pero no recordaba ni su nombre ni dónde había leído de él.

Pasado mucho tiempo, y estando yo al frente de los deportes de Canal +, me propuse buscarle. Para ello introduje en El Día Después una sección que incitaba a grandes estudiosos o coleccionistas de cosas relacionadas con el fútbol a llamar al programa y aparecer en él. Aparecieron muchos, pero no el que yo buscaba. Pasó el tiempo y yo desesperaba de encontrarle.

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Un día me me llamó Jaime Polanco, a la sazón director general de la empresa de publicidad del grupo, GDM: "Hay un señor muy importante en el mundo de la publicidad que me ha insistido mucho en conocerte. Le gusta mucho el fútbol y tal y tal..." Le contesté que encantado. Que cuándo y dónde. Me tocó levantarme a la hora de los ejecutivos, pero mereció la pena. A las nueve estaba yo en la antesala del despacho de Jaime, donde también había un señor muy serio que me saludó cortésmente. Al poco pasamos al despacho, y resultó que ese señor de la antesala era el que estaba citado conmigo, que se llamaba Bernardo de Salazar y que, según descubrí sobre la marcha, era el desconocido al que yo había estado buscando inútilmente. ¡Y resultó que vivía en la Castellana, a menos de quinientos metros de mi despacho en Canal +! A los cuarenta minutos de conversación apasionada sobre fútbol Jaime nos echó (cariñosamente, debo decirlo) porque tenía cosas que hacer. Y nos fuimos a un café con nuestra cháchara.

Cuento esto no sólo porque ese día gané un amigo muy especial, que me ha enriquecido a través de infinitas conversaciones personales, sino porque aquel encuentro fue decisivo para este periódico, que yo vine a dirigir poco después de aquello. Tuteló nuestro rigor, primero desde una discreta distancia y después desde dentro, cuando decidió abrazar su vocación y cambió el mundo de los altos contratos publicitarios por el mucho más divertido de las intensas pasiones de la prensa. Pero lo cuento sobre todo porque sólo gracias a alguien así ha sido posible sacar esta obra que hoy ponemos en sus manos. Su amor a la verdad, su paciencia de investigador y su devoción por el fútbol fueron los motivos que nos decidieron a lanzar esta obra que hoy llega a sus quioscos. El fútbol y los cien años del Real Madrid son dos cosas muy serias, así que este partido sólo se podía afrontar con un distéfano en nuestras filas. Y ese distéfano se llama Bernardo de Salazar. Yo soy su amigo y me siento orgulloso de ello.

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