El viejo sueño de la Champions League

Alfredo Relaño
Importado de Hercules
Actualizado a

A medio camino entre la vieja Copa de Europa y una auténtica liga (todos contra todos, a dos vueltas), la Champions League muestra un momento espléndido. Recluta lo mejor de los mejores países a través de una fórmula que por un lado consigue preservar la presencia de los grandes históricos aun en las malas temporadas (caso del Barça, que se coló por la gatera a última hora) y al tiempo ofrece oportunidades a clubes que vienen de mucho más atrás, pero piden paso por la dignidad de su tarea y por su entusiasmo. Como el Mallorca, por seguir con el ejemplo español.

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Esta noche me gustaría estar allí, en Mallorca, viviendo la emoción de la isla en la noche de estreno riguroso. Estreno de competición, estreno de camiseta (roja con banda negra, respetuosa por tanto con los colores clásicos del club), estreno de sensaciones. Y un rival que no podía ser más oportuno: el viejo y querido Arsenal, leyenda entre leyendas, uno de los grandes clubes en la tierra de los inventores. Que también es una isla. El Mallorca ha batido su récord histórico de abonados y vive unas vísperas gozosas. Sí, definitivamente, la Champions es un gran invento.

Y no deja de ser curioso el contraste entre la ilusión novel del Mallorca y la aprensión del más experto y laureado de los clubes europeos, el Madrid, que voló a Roma con el ánimo encogido. Encima, sin Zidane, con lo que ni una victoria ni una derrota podrán servir para calmar las ansiedades, para sacar conclusiones válidas. Una vez más se confirma que lo importante es el viaje, no llegar. Lo bello es la ilusión de la partida. Eso es lo que vive el Mallorca hoy. El Madrid, que hace tanto que llegó, sufre cíclicamente el aburrimiento del que lo tiene todo. Su tarea es reilusionarse.

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